El tirano no dimite, como era de prever a la vista de la catadura del personaje. Ha recurrido irresponsablemente a las emociones para galvanizar a su partido y polarizar la sociedad señalando enemigos fantasmagóricos como paso previo antes de profundizar en la ruptura. La izquierda pretende apropiarse de la democracia atribuyéndose la condición de los “buenos”, y no tolera ni la crítica ni la investigación de posibles conductas corruptas. Ayer decía Errejón que hay que democratizar a los jueces. ¿Qué propone? Supongo que que los elijan a dedo para que cumplan la voluntad del Gobierno. Todos los movimientos de los líderes izquierdistas apelan a la democracia, pero carecen del respaldo popular. Por eso necesitan colonizar los medios de comunicación, las redes, y lanzarse a la demonización del adversario sin importarles las consecuencias para la convivencia.
Sólo hay una forma de hacer frente al tirano y a sus huestes:
cumpliendo cada cual con su responsabilidad sin dejarse quebrar y diciendo alto
y claro lo que se piensa. Criticar con argumentos, comportarse con el mayor
civismo defendiendo la verdad, venga de quien venga, y ejerciendo el derecho al
voto. El problema es que cada vez hay menos ciudadanos capaces de transitar
este camino. Vivimos en una sociedad en la que apelar a las emociones es la
mejor garantía para conseguir los objetivos que uno se propone. Una sociedad
blanda, propia de menores de edad que sucumben a la lágrima fácil. ¿No lo ven
en esos programas de televisión con cantantes amateurs en los que unos y otros
no paran de llorar y de darse abrazos? Sí, carecemos del principal valor para
hacer frente a la tiranía: una ciudadanía educada en el compromiso adulto y
firme con la democracia. La educación es la fuerza de una nación y
desgraciadamente España es hoy una nación débil.
Sin olvidarnos que su decisión la ha hecho coincidir con el día de San Pedro Mártir...todo un estratega.
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