Escribe Álvaro Nieto en The Objective que “nos gobierna una mafia” con el apoyo de 179 diputados y unas terminales mediáticas de propaganda que se esfuerzan por trasladar el mensaje de que “hay una conspiración de la extrema derecha para tumbar a un gobierno legítimo”. Su conclusión, sin embargo, es optimista, porque afirma que “a pesar de todo el destrozo que lleva haciendo [Sánchez] durante ocho años, la realidad es que la democracia está funcionando. Los malos están acorralados y la mafia va camino de ser desarticulada”. Al leer esto he sentido la necesidad de hacer una precisión: no, la democracia no está funcionando en absoluto, puesto que el pueblo español está siendo amordazado por unos políticos sin vergüenza ni principios que no están dispuestos a permitir que pueda haber elecciones cuando la excepcionalidad de la situación lo demanda. Lo que está funcionando es el Estado de Derecho, pero conviene advertir que su funcionamiento se basa en el coraje de algunos funcionarios que, pese a las presiones, están cumpliendo con su deber. Se trata de unos hombres y mujeres de honor que merecen un monumento por su comportamiento ejemplar. Sin estos jueces, policías y guardias civiles que están cumpliendo rectamente con su obligación, Sánchez y el PSOE cómplice habrían acabado con el Estado de Derecho. Y ello me lleva a formular una pregunta para la cual tengo clara la respuesta: ¿cuál es la base del Estado de Derecho, las leyes o los jueces? Sin ninguna duda los jueces son los verdaderos señores del Derecho, la garantía frente a la arbitrariedad que, desgraciadamente, muchas veces viene del poder legislativo, como estamos viendo. Pensemos en ello, porque es fundamental garantizar la independencia del poder judicial y algo más: revalorizar la importancia del honor, de la integridad, como fundamento para el buen funcionamiento de las instituciones. Llevamos demasiado tiempo burlándonos del honor, tolerando espectáculos televisivos repugnantes en los que gentuza vende su intimidad por dinero. Nuestros jóvenes deben ver en estos guardias civiles abnegados un modelo a seguir, y no aspirar a superar un casting putrefacto para entrar en “La isla de las tentaciones” o en cualquiera de esas basuras televisivas.
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