lunes, 4 de mayo de 2026

"Reconciliación", de Juan Carlos I

Hace unas semanas leí el libro del rey Juan Carlos I, “Reconciliación”. Está escrito con frase corta, concisa y clara, lo que permite una lectura ágil y amena. Me ha gustado mucho desde esta perspectiva formal, y no me sorprende que haya sido premiado en Francia. En cuanto a su contenido, no revela demasiados datos sobre acontecimientos históricos relevantes que hasta ahora no se conocieran. Explica con cierto detenimiento su actuación durante el golpe de Estado del 23-F, y no duda en calificar de “traidor” a Alfonso Armada cuando Adolfo Suárez, desconocedor del verdadero papel que Armada había jugado -pensó que había evitado que Tejero siguiera adelante con el golpe-, lo alabó ante el rey, quien tuvo que sacar a Suárez de su error.

El rey dedica el libro a contar su vida y a justificarse y alabar su trayectoria personal. Como era de esperar, destaca lo beneficiosa que es la monarquía para España citando ejemplos de actuaciones suyas que ayudaron a resolver crisis diplomáticas. No reconoce grandes errores y pasa de puntillas o guarda silencio sobre sus escándalos de faldas pagados con dinero público. Con la frase “no soy un santo” pretende dejar zanjado el asunto. Lo sabemos, Majestad, lo sabemos. 

Cabe señalar el profundo malestar o incluso rencor que se percibe hacia su hijo, el rey Felipe VI, claramente expresado en varios pasajes. Pese a reconocer su capacidad y alabar su actuación al frente de sus responsabilidades como jefe del Estado, le reprocha que haya reducido la familia real a él, la reina y sus hijas. Y, por supuesto, el trato que le está dispensando, su distanciamiento y frialdad. Quizá el título del libro, "Reconciliación", no sólo pretenda aludir a la Transición... Especialmente duro se muestra con Felipe cuando narra la forma en la que el rey privó a su hermana, la infanta Cristina, del título de duquesa de Palma. Por supuesto, muestra su malestar por no poder regresar a su casa en la Zarzuela y reiteradamente alaba a la reina Sofía, que el lector puede colegir que no le dirige la palabra, y con la que se siente en deuda. Esperaba leer que se casó por razones de Estado y que nunca había estado enamorado de ella. Pero no es así. En ningún momento da a entender que fue un matrimonio sin amor. Curiosamente, sobre la elección de los maridos de sus hijas y de la reina Letizia no dice prácticamente nada. No hay ninguna referencia a lo sucedido, por ejemplo, con Eva Sanum, que estuvo a punto de convertirse en la futura reina de España.

Mención especial merece el trato que le dispensa a la figura de Franco. Conocía el profundo respeto que tenía hacia él antes de leer el libro. Sin duda, ese respeto no sólo se ha mantenido incólume, sino que queda reflejada una profunda e indisimulada admiración hacia su sabiduría política. Ha pretendido conciliar dicho respeto con la lealtad a su padre, de quien escribe con profundísima admiración y enorme cariño. 

Aunque es consciente de su responsabilidad, la abdicación le ha dado cierto margen para expresar con claridad lo que para él constituye el gran peligro para España, los nacionalismos, especialmente el catalán, que siempre destaca que era el que más le preocupaba. No hay ninguna palabra de alabanza hacia Jordi Pujol. Da la impresión de que Juan Carlos tiene muy presente que Franco sólo le pidió antes de morir que mantuviera la unidad de España, y yo diría que lamenta no haber sido capaz de frenar la deriva independentista, si bien su margen de actuación era muy pequeño. Tampoco se esconde a la hora de dejar patente su opinión negativa sobre los políticos actuales, que le generan una honda preocupación.

En definitiva, aconsejo la lectura del libro. Si alguien esperaba encontrar más detalles, conviene no olvidar que tan importante es lo que una persona cuenta como lo que ha decidido no contar. El rey Juan Carlos I desempeñó un papel crucial en la historia de España y sólo por todas las personas y vivencias que jalonan su biografía merece la pena embarcarse en esta amenísima lectura.

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