He leído que en Francia se enviarán cartas a los jóvenes de
29 años advirtiéndoles de que, a partir de esa edad, la tasa de fertilidad
disminuye. Con ello se pretende contribuir a lo que se denomina “rearme
demográfico”, el gran reto al que nos enfrentamos y que algunos países, como Francia, comienzan a afrontar. Esto no es como construir una carretera. Hemos tardado décadas
en destruir lo más importante y revertirlo no es nada sencillo, sobre todo
cuando ni siquiera se pone sobre la mesa, como se observa en la terrorífica
frase de Pedro Sánchez que ya comenté en el blog. Y la tasa de natalidad de
Francia es bastante mejor que la nuestra.
Se habla del gran reemplazo que alientan partidos como
Podemos: su intención es que los inmigrantes sustituyan a todos los españoles que
no están dispuestos a votar a estas fanáticas, lo que desde su perspectiva los
convierte en “fachas”. Es puro delirio, porque estaría por ver que esos nuevos
españoles les apoyaran. Pero el problema de fondo es evidente: la gente ya
percibe que vivimos rodeados de extranjeros y les preocupa, porque el “reemplazo”
va a velocidad de vértigo.
Las cifras son una abstracción y no siempre sirve para que la gente se dé cuenta del movimiento que reflejan. Recuerdo que cuando enterré a mi padre, su nicho era el primero de un barracón completamente vacío en una nueva zona del cementerio. No pude evitar pensar que los muertos que iban a llenarlo en ese momento estaban vivos. Imaginé que cuando regresara todos esos huecos estarían ocupados, y así fue cuando acudí al cementerio pocos meses después. Lo mismo sucede -y puede verse, no es una cifra- en tantos cementerios de España que se llenan de españoles mientras llegan más y más extranjeros. ¿Y todavía se preguntan algunos por qué sube Vox? Por supuesto que este partido no puede solucionarlo, pero muchos le votan para expresar su malestar con la situación actual, con la cultura de la muerte que nos conduce al abismo.