viernes, 27 de marzo de 2026
La erosión del nosotros
martes, 10 de febrero de 2026
El gran reemplazo ya empieza a preocupar
He leído que en Francia se enviarán cartas a los jóvenes de
29 años advirtiéndoles de que, a partir de esa edad, la tasa de fertilidad
disminuye. Con ello se pretende contribuir a lo que se denomina “rearme
demográfico”, el gran reto al que nos enfrentamos y que algunos países, como Francia, comienzan a afrontar. Esto no es como construir una carretera. Hemos tardado décadas
en destruir lo más importante y revertirlo no es nada sencillo, sobre todo
cuando ni siquiera se pone sobre la mesa, como se observa en la terrorífica
frase de Pedro Sánchez que ya comenté en el blog. Y la tasa de natalidad de
Francia es bastante mejor que la nuestra.
Se habla del gran reemplazo que alientan partidos como
Podemos: su intención es que los inmigrantes sustituyan a todos los españoles que
no están dispuestos a votar a estas fanáticas, lo que desde su perspectiva los
convierte en “fachas”. Es puro delirio, porque estaría por ver que esos nuevos
españoles les apoyaran. Pero el problema de fondo es evidente: la gente ya
percibe que vivimos rodeados de extranjeros y les preocupa, porque el “reemplazo”
va a velocidad de vértigo.
Las cifras son una abstracción y no siempre sirve para que la gente se dé cuenta del movimiento que reflejan. Recuerdo que cuando enterré a mi padre, su nicho era el primero de un barracón completamente vacío en una nueva zona del cementerio. No pude evitar pensar que los muertos que iban a llenarlo en ese momento estaban vivos. Imaginé que cuando regresara todos esos huecos estarían ocupados, y así fue cuando acudí al cementerio pocos meses después. Lo mismo sucede -y puede verse, no es una cifra- en tantos cementerios de España que se llenan de españoles mientras llegan más y más extranjeros. ¿Y todavía se preguntan algunos por qué sube Vox? Por supuesto que este partido no puede solucionarlo, pero muchos le votan para expresar su malestar con la situación actual, con la cultura de la muerte que nos conduce al abismo.
martes, 23 de diciembre de 2025
La vela
Hace unos días estaba observando una pequeña vela de las que se utilizan como calientaplatos. No le quedaban muchos minutos de “vida”. La llama era cada vez más débil y la cera que albergaba el recipiente de aluminio se había convertido en un líquido completamente transparente. En cuestión de minutos la llama se iba a apagar. El pabilo permaneció durante algunos segundos incandescente, variando en intensidad, como si no quisiera rendirse. Finalmente, el color rojizo que permitía adivinar que allí había habido fuego desapareció por completo al tiempo que comenzó a desprender un poco de humo que se elevó hasta desaparecer dejando un ligero olor en el ambiente. Recordé todo el proceso desde cuando la vela había empezado a arder hasta el momento de apagarse y echar humo. Me pareció una preciosa metáfora de la vida, sobre todo de su momento final: el pabilo era el cuerpo que agoniza hasta que la vida se extingue, y en el humo creía ver el alma que sale del cuerpo y se eleva hacia otra dimensión.
P.D. En una observación más detenida, el humo comienza a surgir cuando la llama está extinguida, pero el pabilo permanece incandescente. Es justo después de elevarse al aire el humo cuando la incandescencia desaparece por completo. Todavía más interesante...
jueves, 28 de agosto de 2025
Olas y estrellas
A veces salgo a caminar bien entrada la tarde, cuando en el cielo ya no se ve ni un resquicio de luz. Suelo dirigirme al paseo marítimo y escojo la pasarela de madera que más se adentra en la playa, casi hasta alcanzar la orilla. Avanzo dejando atrás las molestas luces del paseo. Me detengo, respiro y contemplo: a mi izquierda, las luces de El Campello y Villajoyosa titilan y marcan la línea de costa hasta Finestrat; a mi derecha, el Cabo de Huertas coronado por la luz intermitente del faro. Escucho el murmullo de las olas y observo el mar para detectar el preciso instante en que una de ellas se forma y comienza su efímero periplo hasta desaparecer de nuevo por completo. Entonces levanto la vista ligeramente para incorporar las estrellas al magnífico y significativo cuadro. Cuando la ola se ha desvanecido, como si fuera un surfista de la contemplación, busco otra y la sigo hasta que cesa su aventura y vuelve a ser el mar que siempre fue.
domingo, 16 de junio de 2024
Humildad y benevolencia
Hace dos días estuve en Pamplona. Concluidas mis obligaciones, el viernes por la tarde fui paseando al centro de la ciudad para entregarme al barzoneo excrutador. De camino pasé por delante del hotel Tres Reyes, en el que me alojé la primera vez que visité esta ciudad hace casi treinta y cuatro años. Recuerdo perfectamente aquella etapa de mi vida. Era un estudiante de Derecho que acudía por primera vez a un congreso de estudiantes para, junto con mis compañeros y amigos, hablar de un tema que hoy está de plena actualidad, “La ecología como componente del ideal revolucionario en nuestros días”. Así se titulaba nuestra comunicación. En aquel momento, aunque se era ya muy consciente del problema ecológico, todavía no se hablaba del cambio climático. Hoy es más que evidente que se trata de un problema que puede generar algo más que una revolución. Esto que comento no lo pensé cuando observaba anteayer aquel hotel en el que la organización nos alojó. Me veía a mí mismo en aquellos días y pensaba en todo lo que he aprendido desde entonces. Se podría resumir en dos palabras: humildad y benevolencia. Sin ellas no es posible ningún cambio genuino.
jueves, 27 de febrero de 2014
Orihuela
miércoles, 4 de diciembre de 2013
"Cuaderno de un esquizofrénico"
viernes, 28 de junio de 2013
La noche de los rábanos salados
domingo, 5 de mayo de 2013
"Hispanoamérica", de Julián Marías
martes, 26 de marzo de 2013
A favor de la acampada libre
martes, 22 de enero de 2013
¡Desperté! (musicalmente hablando)
P.D. Si los derechos de autor lo permiten, ahí están las canciones:
http://www.youtube.com/watch?v=lWA2pjMjpBs
http://www.youtube.com/watch?v=rYEDA3JcQqw
martes, 2 de octubre de 2012
Saboreando la España profunda
martes, 26 de junio de 2012
"Justicia transicional, memoria histórica y crisis nacional"
viernes, 3 de febrero de 2012
Me tomo un descanso
Voy a dejar de publicar. Espero que esta pausa sea lo más breve posible.
Un saludo,
Tomás
viernes, 25 de noviembre de 2011
Poesía contra el Alzheimer
lunes, 14 de noviembre de 2011
La niña de Huanchaco
sábado, 27 de agosto de 2011
Miguel Ríos
jueves, 14 de abril de 2011
A la memoria de Amadeo Bellver Mas
lunes, 2 de agosto de 2010
La interpretación de lo común
Hay algunos temas que tengo ganas de abordar. Alguno de ellos ha recibido atención en entradas previas. Ahí están entre otros la decisión del parlamento catalán de prohibir los toros, tal como pronostiqué que sucedería, o la salida de Iraq de las tropas estadounidense. Pero el verano, y la vida cotidiana –en seguida me entenderán- me ha puesto en bandeja un tema que considero del máximo interés, un cabo de hornos en la organización de la vida colectiva: la interpretación de lo común.
En función de cómo una sociedad interprete lo común la vida colectiva, y por tanto la vida también individual –pues lo colectivo forma parte de lo individual- puede cambiar radicalmente. Antes de elegir dónde vivir aconsejaría a cualquier persona que indagara cómo se interpreta lo común en la ciudad o el país al que uno desea trasladarse. En los post de un blog lamentablemente hay que simplificar en aras a la brevedad, así que diré que hay dos formas opuestas de ver lo común. En primer lugar está aquella que interpreta que lo común es una prolongación de lo privado de la que participan todos aquellos que comparten aquello que es común. En segundo lugar está la visión de lo común como una realidad sustancialmente distinta a lo privado, que lo supera y requiere por tanto un especial cuidado para facilitar su disfrute.
Quizá un ejemplo cotidiano y muy habitual en estas fechas veraniegas ayude a entender la diferencia. En estos últimos años han proliferado las comunidades de propietarios que comparten elementos comunes tales como piscina, pista de padel, jardín, etc. La regulación del uso de los elementos comunes es una excelente oportunidad para ilustrar el problema. Como paradigma de la primera interpretación está aquel vecino que ve la piscina como un bien que, en tanto común, puede disfrutar a su antojo, pues si es común, y él forma parte del colectivo en cuestión, también es suyo. Así, este individuo considera perfectamente lícito invitar a la piscina a sus ocho hermanos con sus respectivas familias todos los días que se le antoje, y lógicamente admite la posibilidad de que otros vecinos hagan exactamente lo mismo. Una visión completamente diferente tiene el vecino que considera que al ser la piscina un elemento común no puede hacer uso de ella como si se tratara de un bien privado. Por eso no se le ocurre invitar constantemente a todos sus familiares, pues acertadamente –como ven me posiciono- piensa que lo común exige un cuidado y un respeto especial precisamente por ser de todos y no ser de nadie en particular.
¿Qué interpretación domina en España? En efecto, pienso que claramente la primera, y eso pone de relieve que mientras sea así España no puede ser un país con una elevada calidad de vida; y también que si uno quiere ser feliz en la piel de toro tiene que tomar sus decisiones evitando en la medida de lo posible introducir elementos comunes en su vida, pues estos luego se convierten en una cabeza de puente para la invasión agresiva de aquellos que prolongan en lo común sus vicios particulares y su mala educación.
lunes, 5 de noviembre de 2007
Barzoneando por San Sebastián
Ciudad moderna y hermosa, llegaba a San Sebastián con inevitables prejuicios. No podía dejar de pensar que visitaba una ciudad carente de libertad y esa realidad condicionaba mi mirada. Observaba las tiendas de souvenirs servilmente vendidas al totalitarismo nacionalista. Veía trapos que pendían de algún balcón exigiendo el acercamiento de presos e imaginaba lo tranquilo que viviría el inquilino de aquella casa, en contraste con alguien que hubiera engalanado su terraza con la bandera nacional. Los niños jugaban en eusquera en una plaza céntrica. Respetable y bonito, pero no podía evitar pensar que ello obedecía a una estrategia de adoctrinamiento. También sabía que no podría entrar en un bar y hablar libremente de política. San Sebastián resultaba a mis ojos una ciudad envuelta en un halo de tristeza indefinible. Contrastaba poderosamente con Pamplona, mucho más alegre, festiva y libre. Pamplona no se rinde al totalitarismo y sus universidades le dan una alegría de la que carece San Sebastián.
Tuve la impresión de que San Sebastián vive del turismo francés, de un comercio burgués de cortos vuelos y de su festival de cine. Poco más. ¡Cuánta belleza desperdiciada! Tras casi tres horas de barzoneo, alteré mi plan inicial de pernoctar en tierra vasca para seguir acumulando impresiones, encedí el motor de mi coche y puse rumbo al mediterraneo. La tristeza desapareció al entrar en Navarra y refulgir nuevamente el sol en el horizonte. Toda una metáfora de la situación que vive el País Vasco.


