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lunes, 13 de julio de 2026

Estambul

Hace dos semanas me desplacé a Estambul por motivos de trabajo. Tras concluir las actividades propias del congreso, dediqué las tardes a conocer la ciudad. Había escuchado muchos comentarios elogiosos de Estambul, pero no confío demasiado en las opiniones ajenas, porque mi perspectiva e intereses no suelen coincidir con los de la mayoría. 

En una ciudad de tanta importancia histórica sin duda vas a hallar un riquísimo patrimonio arquitectónico y, dada su ubicación geográfica, unos bellos paisajes naturales y urbanos. Y sí, es verdad, en Estambul es posible encontrar esa belleza que tantos destacan. La puesta de sol en el Bósforo contemplada desde los jardines anexos al palacio de Topkati fue quizá el momento más especial de mis largos paseos por Estambul. Allí, justo al lado del mar, un cantante turco amenizaba el ocaso interpretando con su guitarra canciones turcas. Lo hacía muy bien y con gusto hubiera permanecido más tiempo, pero había quedado con mis compañeros de fatigas para ver el partido de España contra Austria. Ubicada en los jardines que albergaron el hipódromo de Constantinopla, también destacaría la belleza exterior e interior de la mezquita azul, que resalta todavía más porque se puede contemplar desde lejos. Antes de visitar esta mezquita había topado con otras también muy impresionantes, pero me dio la impresión de que todas tienen una estructura muy similar y visitarlas pierde interés. Me llamó la atención la escasa importancia que dan a guardar silencio en su interior en contraste con la vigilancia estricta para aprobar la vestimenta de las mujeres y para evitar que nadie entre calzado al recinto. Para mí la religiosidad es incompatible con el ruido. De Santa Sofía puedo decir que la disfrutará aquel que sepa apreciar la emoción de estar en un edificio histórico en el que todavía es posible hallar vestigios de lo que en su día fue una gran iglesia cristiana. Su presente es decepcionante, por lo que no me atrevería a aconsejar su visita a todo el mundo. Sí destacaría la basílica de la cisterna (llamada así por ubicarse en una antigua basílica romana): un inmenso aljibe construido sobre columnas que refleja el genio romano. No me llamó la atención el gigantesco gran bazar de Estambul, un centro comercial abarrotado de callecitas que albergan tiendas, muchas de ellas no excesivamente originales, sin ningún valor arquitectónico. Además, dicen que su actividad está orientada a tomarle el pelo a los turistas con precios elevados. Más bonito y muchísimo más pequeño, es el bazar de las especias, en el que desemboqué por casualidad. Un lugar con encanto, pero tampoco lo destacaría como una maravilla de visita obligada. Finalmente, pude pasear por el histórico barrio de Balat, que se encuentra muy degradado. Allí se hallan algunas de las iglesias ortodoxas más importantes. Desgraciadamente, no pude verlas por dentro, así que me quedo con la opinión de un amigo que sí lo logró y me elogió la iglesia de los búlgaros y de San Esteban. También se suele destacar la catedral de San Jorge, que a mi amigo no le dio tiempo a ver. Fue una pena que no pudiera desplazarme al Estambul asiático, pero el último día cruzamos el Bósforo en un taxi para asistir a la cena de gala y por la ventanilla pude contemplar de noche la parte europea de Estambul (donde se hallan todos los lugares que he mencionado). La vista me pareció hermosísima y lamenté no haberla disfrutado con tiempo en un tranquilo barzoneo nocturno.

Hasta aquí mis impresiones de algunos lugares turísticos de Estambul que se consideran imperdibles. Decía que mis intereses y perspectiva no suelen ser los habituales. Puedo apreciar la monumentalidad de una ciudad, su patrimonio y belleza, pero una ciudad es mucho más que eso. Permanezco atento a los rostros de las gentes, a la forma en que se desplazan por la ciudad y organizan la vida colectiva, a las sensaciones intangibles. Por ejemplo, sé que mucha gente considerará que la monumentalidad y belleza de París no se puede comparar con Londres, pero para mí la capital inglesa tiene mucho más encanto que la francesa. Y también me he sentido muchísimo más cómodo en Berlín que en la decepcionante Múnich. No me resulta sencillo explicar las razones en algunos de estos casos, así que opino como en ocasiones Boyero comenta las películas en El País, es decir, transmitiendo mis sensaciones de entusiasmo, hastío o aburrimiento, incapaz a veces de dar razón de ello. Si sintonizas con la sensibilidad del crítico, puede interesarte su percepción. Así que si a alguno de ustedes les interesan mis impresiones, les puedo decir que Estambul, pese a su belleza, me ha parecido una ciudad poco interesante. Los turcos son gentes que no te miran ni con curiosidad ni con interés. Te toleran porque lo tienen que hacer, es posible que pensando que los infieles somos una fuente de ingresos. Quizá sea el lógico hastío de ver su ciudad poblada de turistas. El tráfico es insufrible y antipático. Es muy complicado cruzar ciertas calles y muchas aceras están deterioradas. La ciudad no se caracteriza por su limpieza: tiran los papeles al suelo, incluidos los muchísimos cigarrillos que se fuman. Afortunadamente, la presencia libre y abundante de los gatos mantiene las plagas bajo control. La expresión de los turcos en general es desagradable, y es muy evidente la posición de superioridad social de los varones frente a la mujer, como sucederá en cualquier otro país musulmán, y quizá más acusadamente. Puedo imaginar que mi paseo por la ciudad hubiera sido muy diferente en el caso de ser yo una mujer. No me hubiera sentido cómoda. En definitiva, aunque mi experiencia de estos días en Estambul ha sido estupenda por haber estado muy bien acompañado por los compañeros con los que acudí al congreso, la ciudad no ha sido para mí ese lugar mágico e inolvidable al que muchos se refieren. 


P.D. En la película "Los Fabelman", de Spielberg, muy recomendable, hay una escena en la que John Ford le da al protagonista dos consejos fabulosos para filmar paisajes: horizonte arriba o abajo, interesante; horizonte al medio, aburrido. Desde que lo escuché lo pongo en práctica al hacer las fotos. ¡Oigan, pues es verdad, John Ford tenía razón!

viernes, 27 de marzo de 2026

La erosión del nosotros

Este es el título del libro que acabo de publicar junto a otros compañeros. En él escribo sobre la recuperación de la concordia en España. Si les interesa, pueden descargarlo aquí: https://atelieropenaccess.com/products/la-erosion-del-nosotros-estudios-sobre-el-deterioro-de-la-vida-colectiva-en-la-espana-contemporanea

martes, 10 de febrero de 2026

El gran reemplazo ya empieza a preocupar

He leído que en Francia se enviarán cartas a los jóvenes de 29 años advirtiéndoles de que, a partir de esa edad, la tasa de fertilidad disminuye. Con ello se pretende contribuir a lo que se denomina “rearme demográfico”, el gran reto al que nos enfrentamos y que algunos países, como Francia, comienzan a afrontar. Esto no es como construir una carretera. Hemos tardado décadas en destruir lo más importante y revertirlo no es nada sencillo, sobre todo cuando ni siquiera se pone sobre la mesa, como se observa en la terrorífica frase de Pedro Sánchez que ya comenté en el blog. Y la tasa de natalidad de Francia es bastante mejor que la nuestra.

Se habla del gran reemplazo que alientan partidos como Podemos: su intención es que los inmigrantes sustituyan a todos los españoles que no están dispuestos a votar a estas fanáticas, lo que desde su perspectiva los convierte en “fachas”. Es puro delirio, porque estaría por ver que esos nuevos españoles les apoyaran. Pero el problema de fondo es evidente: la gente ya percibe que vivimos rodeados de extranjeros y les preocupa, porque el “reemplazo” va a velocidad de vértigo.

Las cifras son una abstracción y no siempre sirve para que la gente se dé cuenta del movimiento que reflejan. Recuerdo que cuando enterré a mi padre, su nicho era el primero de un barracón completamente vacío en una nueva zona del cementerio. No pude evitar pensar que los muertos que iban a llenarlo en ese momento estaban vivos. Imaginé que cuando regresara todos esos huecos estarían ocupados, y así fue cuando acudí al cementerio pocos meses después. Lo mismo sucede -y puede verse, no es una cifra- en tantos cementerios de España que se llenan de españoles mientras llegan más y más extranjeros. ¿Y todavía se preguntan algunos por qué sube Vox? Por supuesto que este partido no puede solucionarlo, pero muchos le votan para expresar su malestar con la situación actual, con la cultura de la muerte que nos conduce al abismo.

martes, 23 de diciembre de 2025

La vela

Hace unos días estaba observando una pequeña vela de las que se utilizan como calientaplatos. No le quedaban muchos minutos de “vida”. La llama era cada vez más débil y la cera que albergaba el recipiente de aluminio se había convertido en un líquido completamente transparente. En cuestión de minutos la llama se iba a apagar. El pabilo permaneció durante algunos segundos incandescente, variando en intensidad, como si no quisiera rendirse. Finalmente, el color rojizo que permitía adivinar que allí había habido fuego desapareció por completo al tiempo que comenzó a desprender un poco de humo que se elevó hasta desaparecer dejando un ligero olor en el ambiente. Recordé todo el proceso desde cuando la vela había empezado a arder hasta el momento de apagarse y echar humo. Me pareció una preciosa metáfora de la vida, sobre todo de su momento final: el pabilo era el cuerpo que agoniza hasta que la vida se extingue, y en el humo creía ver el alma que sale del cuerpo y se eleva hacia otra dimensión.

P.D. En una observación más detenida, el humo comienza a surgir cuando la llama está extinguida, pero el pabilo permanece incandescente. Es justo después de elevarse al aire el humo cuando la incandescencia desaparece por completo. Todavía más interesante...

jueves, 28 de agosto de 2025

Olas y estrellas

A veces salgo a caminar bien entrada la tarde, cuando en el cielo ya no se ve ni un resquicio de luz. Suelo dirigirme al paseo marítimo y escojo la pasarela de madera que más se adentra en la playa, casi hasta alcanzar la orilla. Avanzo dejando atrás las molestas luces del paseo. Me detengo, respiro y contemplo: a mi izquierda, las luces de El Campello y Villajoyosa titilan y marcan la línea de costa hasta Finestrat; a mi derecha, el Cabo de Huertas coronado por la luz intermitente del faro. Escucho el murmullo de las olas y observo el mar para detectar el preciso instante en que una de ellas se forma y comienza su efímero periplo hasta desaparecer de nuevo por completo. Entonces levanto la vista ligeramente para incorporar las estrellas al magnífico y significativo cuadro. Cuando la ola se ha desvanecido, como si fuera un surfista de la contemplación, busco otra y la sigo hasta que cesa su aventura y vuelve a ser el mar que siempre fue.

domingo, 16 de junio de 2024

Humildad y benevolencia

Hace dos días estuve en Pamplona. Concluidas mis obligaciones, el viernes por la tarde fui paseando al centro de la ciudad para entregarme al barzoneo excrutador. De camino pasé por delante del hotel Tres Reyes, en el que me alojé la primera vez que visité esta ciudad hace casi treinta y cuatro años. Recuerdo perfectamente aquella etapa de mi vida. Era un estudiante de Derecho que acudía por primera vez a un congreso de estudiantes para, junto con mis compañeros y amigos, hablar de un tema que hoy está de plena actualidad, “La ecología como componente del ideal revolucionario en nuestros días”. Así se titulaba nuestra comunicación. En aquel momento, aunque se era ya muy consciente del problema ecológico, todavía no se hablaba del cambio climático. Hoy es más que evidente que se trata de un problema que puede generar algo más que una revolución. Esto que comento no lo pensé cuando observaba anteayer aquel hotel en el que la organización nos alojó. Me veía a mí mismo en aquellos días y pensaba en todo lo que he aprendido desde entonces. Se podría resumir en dos palabras: humildad y benevolencia. Sin ellas no es posible ningún cambio genuino.

jueves, 27 de febrero de 2014

Orihuela

Hay lugares como Orihuela en los que uno se siente bien sin saber exactamente por qué. Son muchas cosas y ninguna en particular. El sabor a pueblo de algunas calles se combina con la monumentalidad del centro. La huerta de la vega baja regada por el Segura, que me recuerda a la huerta valenciana, sobre todo a la comarca del Camp de Túria, hace de Orihuela una ciudad muy distinta al resto de las de la provincia de Alicante. También esas montañas que la rodean y que invitan a pararse a contemplarlas cuando el sol las viste de diferentes colores acentúan la originalidad de Orihuela. El otro día, al salir del edificio de la Universidad (Las Salesas), comenzaba a anochecer y me sentí tan a gusto respirando el aire puro oriolano que miré al cielo y tomé una foto de la iglesia ubicada en la plaza contigua a la Universidad. 


miércoles, 4 de diciembre de 2013

"Cuaderno de un esquizofrénico"

En la película "Atrápame", el padre del protagonista, al recibir un premio, toma la palabra y pronuncia un breve discurso: "Dos ratoncitos cayeron en un cubo de nata; el primer ratón enseguida se rindió y se ahogó, el segundo ratón decidió pelear, y se esforzó tanto que finalmente transformó la nata en mantequilla y consiguió escapar". No sé si alguno de los seguidores de este blog habrá tenido curiosidad por bucear en "Cuaderno de un esquizofrénico", el blog de mi amigo Óscar referenciado en este blog. Si es así, año tras año, día tras día, habrán podido seguir su lucha, los momentos difíciles, incluso al borde de la tragedia, y los días en que tímidamente salía el sol. Hoy recuerdo los tiempos en que le animaba a escribir un blog, y me siento feliz al ver que la trayectoria que en él se refleja se asemeja a la de ese ratón que de tanto pelear acabó transformando la nata en mantequilla. 

(Felicidades en tu 44 cumpleaños)

miércoles, 9 de octubre de 2013

En silencio, desnudo y solo

Olvida el ayer,
olvida el futuro,
y aprende a vivir
en silencio, desnudo y solo.

Olvida tu nombre,
olvida tu apellido,
y aprende a vivir
en silencio, desnudo y solo.

Olvida lo que hiciste ayer
y lo que harás mañana,
y aprende a vivir
en silencio, desnudo y solo.

Olvida tu soledad,
olvida tu hogar,
y aprende a vivir
en silencio, desnudo y solo.

Olvida cuánto vales,
olvida tus monedas y tesoros,
y aprende a vivir
en silencio, desnudo y solo.

Olvida tus heridas,
olvida tu fortaleza,
y aprende a vivir
en silencio, desnudo y solo.

Olvida todo, sin dejar nada,
olvida tu yo entero
y verás ‘todo’ en tu nada,
vivirás en el ‘Todo’ sin nada.


(Manuel J. Fernández Márquez, Silencio y Transformación, Madrid, Ed. San Pablo, 1997)

viernes, 28 de junio de 2013

La noche de los rábanos salados

En España siempre han estado bastante arraigadas esas excelentes obras de misericordia que son dar de comer al hambriento y dar posada al peregrino. Cuando llegaba a casa de mis padres el cobrador de Finisterre o el señor que tenía que mirar el contador del gas mientras estábamos comiendo, mi madre siempre soltaba ese españolísimo “¿quiere comer?”. Si en España te visitan familiares es habitual alojarles en tu casa antes que dejarles ir a un hotel. Las posadas y los hoteles siempre han sido para los españoles establecimientos mercenarios de último recurso. En los últimos tiempos las cosas han cambiado y la mayor parte de nuestros hoteles suelen disponer de todo tipo de servicios y comodidades. Nada que ver con las posadas, fondas y hostales de los años cincuenta que conoció el filósofo del derecho francés Michel Villey, quien en su “Compendio de Filosofía del Derecho” –si mal no recuerdo- bromea a lo Chiquito de la Calzada con que no sé qué estaba más vacío que una pensión española. Sí, los tiempos han cambiado y está muy bien que los hoteles hayan mejorado, pero, por favor, no perdamos nuestra hospitalidad tradicional. Sigamos viendo el hotel como el lugar mercenario de último recurso que en realidad es.

Este sentido de la hospitalidad siempre me ha parecido genuinamente español, pero también lo he visto en algunos franceses del sur que he tenido oportunidad de conocer y, pásmese lector, he tenido la suerte de disfrutar de la hospitalidad alemana (no se apure, luego le cuento). Ello me ha hecho pensar que quizá la razón radique en que se trata de conductas profundamente ligadas a la religión. Muchos despotrican contra la edad media dejándose llevar por prejuicios, pero durante esa época en Europa estaba socialmente vigente la obligación de dar posada y comida al peregrino. Eso, que sigue por cierto presente entre los musulmanes, lo hemos ido perdiendo con la progresiva secularización de nuestra sociedad. Podría decirse que a mayor secularización mayores posibilidades de que la visita de uno acabe en un hotel.

Y les cuento la anécdota alemana por dos razones. Primero, porque me he metido mucho con los alemanes en los últimos tiempos y como sospecho que con la cumbre del fin de semana igual tengo que volver a darles cera así compenso un poquito. En segundo lugar, porque la anécdota creo que ilustra bien esa relación entre vivencia de la religión que se traslada a buenas acciones. Bueno, quizá haya una tercera razón, y es que esto de ir en taparrabos en verano me está resultando de lo más cómodo. Al grano. En el segundo curso de Derecho, en el año 1990, formaba parte del equipo de fútbol de la Facultad de Derecho de la Universidad de Valencia. Un día se incorporó al equipo un estudiante alemán y charlamos un rato. Tampoco nos hicimos íntimos amigos. En otoño yo iba a viajar a Dinamarca en tren, y tenía que pasar una noche en Hamburgo antes de tomar al día siguiente otro tren para llegar a Aarhus, mi destino. Se lo dije al alemán y, como era de Hamburgo, aunque estudiaba en Salzburg, me dio su dirección y teléfono para que quedáramos, si tenía tiempo y daba la casualidad de que él estaba por allí. Guardé los datos mecánicamente con la convicción de que no le iba a llamar. Total, se trataba de llegar por la tarde a la estación, buscar un hostalillo para pasar la noche y partir a primera hora. No sospechaba yo que cierto evento en Hamburgo iba a dejar la ciudad sin una habitación libre. Deambulé con mi mochila de hotel en hotel recibiendo siempre la misma respuesta: todo estaba completo. Se me pasaron por la cabeza varias soluciones hasta que reparé en que tenía la dirección del amigo alemán. Había que intentarlo, así que telefoneé y contestó su madre. Él no estaba allí y le expliqué a la buena mujer quién era yo y cuáles eran mis circunstancias. Imagínense, un desconocido español que dice ser amigo de su hijo. ¿Qué harían ustedes? La señora se separó un momento del auricular para hablar con su marido y sólo tardó unos pocos segundos en decirme que fuera a dormir a su casa. ¡Oh, qué maravillosa sensación saber que había una cama para mí en una ciudad extraña! Llegué, conocí a sus padres, y estos me enseñaron la habitación de su hijo en la que pasaría la noche. Había dos grandes fotos allí. Una de Helmut Kohl y otra del papa, Juan Pablo II. En nuestras escasas conversaciones españolas habíamos hablado de política y de religión y yo sabía perfectamente que él era un católico prácticamente fiel partidario de la CDU (hoy defiende a Merkel). Y también supe después que su familia era muy religiosa, aunque con una particularidad: su padre y él eran fervientes católicos, mientras que su madre y su hermana eran protestantes luteranos. La conversación con los padres de mi amigo Andreas (así se llama) durante la cena fue muy agradable, aunque tuve que pagar un precio: no olvidaré los rábanos con sal crudos que comimos en la cena y que, lógicamente, no iba a despreciar, pese a que me resultaban verdaderamente repugnantes. Dormí a pierna suelta y a la mañana siguiente el padre de Andreas me llevó a la estación donde tomé el tren para Aarhus dispuesto a vivir una nueva aventura.

domingo, 5 de mayo de 2013

"Hispanoamérica", de Julián Marías

Ayer recibí un insospechado regalo que me hizo muy feliz. Mi amigo Pepe deseaba deshacerse de libros que no le cabían en su biblioteca y pensó que quizá me podría interesar “Hispanoamérica”, de Julián Marías, una de las pocas obras de este autor que me faltaban, y además sobre una realidad apasionante. No podría haber escogido nada más adecuado para regalarme. Como últimamente me levanto de madrugada y tenía el libro sobre la mesita comencé a leer. La primera reflexión de Marías sobre la conquista y colonización española del nuevo continente es un excelente aperitivo. Marías comienza el libro asombrándose de cómo fue posible que en poco más de cincuenta años los conquistadores españoles llegaran y dejaran su huella en tantos lugares de América de tan difícil acceso, desde México a la Pampa argentina. Como él dice, es inverosímil, sobre todo si se compara con los ingleses, que una vez establecidos en las colonias del este fueron ocupando muy lentamente nuevos territorios. Desde luego nada que ver con la monumental, titánica, colosal empresa española. Me ilusiona aproximarme a Hispanoamérica de la mano de Marías. Seguro que, como siempre me sucede con Marías, al que tuve la fortuna de ver en persona en una conferencia que pronunció en Valencia en 1997, me aguardan en estas páginas observaciones agudas e ideas provechosas.

martes, 26 de marzo de 2013

A favor de la acampada libre

Me gusta mucho la montaña, especialmente los pirineos. Sólo he estado allí una vez. Pasé dos semanas con el Centro Excursionista de Valencia en la zona de Benasque –pirineo aragonés- cuando tenía unos once años. La experiencia sigue grabada en mi memoria. Bebíamos directamente agua del río Esera, aprendíamos habilidades típicas de “boy scouts” y realizamos varias ascensiones a picos que superaban los 3.000 metros. Durante esas ascensiones en ocasiones acampábamos en parajes que hallábamos a gran altura, en las inmediaciones de lagos y rodeados de vacas.

Todavía no he tenido oportunidad de repetir la experiencia. Si pudiera elegir cómo regresar a los pirineos siempre me ha atraído la tienda de campaña, aunque quizá tenga una visión excesivamente romántica. Supongo que saben que la acampada libre está prohibida en toda Europa salvo en Noruega. Me parece una restricción innecesaria a la libertad de circulación. ¿Por qué no podemos plantar una tienda de campaña y pasar una noche en una montaña de titularidad pública? El argumento de prevenir riesgos para el medioambiente es ridículo, pues aunque no se acampe la gente sin sensibilidad lo puede dejar todo perdido y provocar un incendio. Quizá se pretenda proteger el negocio de los campings, pero sacrificar la libertad por ello me parece un precio demasiado elevado. No sé a ustedes, pero a mí me resulta muy desagradable pensar que ni siquiera puedes dormir en pleno monte sin pagar cuando un animal sí puede hacerlo.  

martes, 22 de enero de 2013

¡Desperté! (musicalmente hablando)

Aunque la afición a escuchar buena música puede durar toda la vida, durante la juventud se presta mucha más atención a cantantes y grupos musicales, probablemente porque se está en edad de bailar en discotecas, de escuchar música en la radio, de comprar discos y  hablar del tema con los amigos, etc. Pasan los años y uno se va desconectando de la actualidad musical hasta que llega esa conversación entre amigos o esa entrada en el blog –como sucede en mi caso- en la que uno se revela como un auténtico carrozón hablando de la Jurado, de “El Puma”, de Skorpions o de Barón Rojo.  Sí, uno termina anclado en la música de “su” tiempo, que suele ser el de su juventud, hasta que un buen día sucede un acontecimiento, en ocasiones insignificante, absolutamente banal, que nos invita a cambiar. Venga, les cuento lo que me ha pasado, aunque ya les anticipo que es insignificante.

Como les dije hace poco, este curso me apunté al gimnasio de la Universidad. Los entrenadores que controlan la sesión suelen poner música, que viene muy bien para darle ambiente al gimnasio. Muchas veces sonaban los cuarenta principales, una emisora que hace muchísimo tiempo que no escuchaba. Allí, mientras caminaba en la cinta o levantaba unas pesillas escuché unas voces que despertaron mi curiosidad. Buenas canciones y magníficas cantantes desconocidas. Tanto me gustaron que cedí a la tentación de preguntar su nombre. Primero se lo pregunté a uno de mi quinta que por lo visto también se quedó en “Ilegales” y no me supo decir. Al final me metí anoche en “android” para ver la lista de las canciones más vendidas y, pásmese el lector, descubrí que existen Rihanna -una negra de ojos verdes- y Adele -maravillosa inglesita rolliza-. No se rían de mi extemporáneo entusiasmo. ¡Son buenísimas! La canción de Rihanna era “Diamonds” y la de Adele, que luego he descubierto que canta la de “Skyfall”, era “Rolling in the deep”.

Esta anécdota, auténtica marcianada, lo admito, me ha hecho despertar musicalmente hablando. No puede ser que siga viviendo y escuchando canciones y grupos del pasado, porque no me extraña que así llegue a opinar que nada ha cambiado en la música. ¡Soy yo el que está estancado! No puede ser que no supiera nada de Amy Winehouse hasta que su muerte hizo que me interesara, o que descubra a estas alturas que existen Rihanna o Adele. Se trata simplemente de darme cuenta de que mientras viva este será “mi” tiempo, y de que hay que estar siempre atento a nuevos talentos emergentes.

P.D. Si los derechos de autor lo permiten, ahí están las canciones:

http://www.youtube.com/watch?v=lWA2pjMjpBs

http://www.youtube.com/watch?v=rYEDA3JcQqw

martes, 2 de octubre de 2012

Saboreando la España profunda

Volvía de Orihuela en tren. En el vagón había dos hombres más. Uno se sentaba a mi izquierda, al otro lado del pasillo. Era bajito, como un español de los años treinta, parecía labriego e iba bastante desarreglado. El tren se puso en marcha y se arrancó a cantar flamenco mientras yo intentaba leer “Grandes esperanzas”, de Dickens, que, por cierto, me está defraudando. Desistí del intento y me centré en el recital improvisado que se me regalaba. Paisaje de la vega baja, tren de gasoil obsoleto y flamenco. Estaba saboreando España. Aunque intenso, poco duró aquello. Llegamos a la estación de Callosa de Segura y el cantaor se dispuso a apearse. No piense el lector que le hice palmas o le jaleé unos cuantos “olés”, pero el artista se dio cuenta de que no estaba a disgusto y me espetó un castizo “¿A que ta gustao?”. Con mi mejor sonrisa le contesté “sí, hombre, sí”. Hoy, de buena mañana, un barrendero pasaba por delante de mi casa cantando aflamencadamente “Ausencia” (creo que así se titula), de David Bisbal. También disfruté escuchándolo, aunque no le recomendaría que se presentara a los famosos castings. Como la llegada del melonero, el afilador o el tapicero, me alegra ver que todavía hay gente que canta por la calle, rasgo genuinamente español. Escuchar a estos dos espontáneos ha sido como tomar contacto con esa alma española cuya vitalidad permanece agazapada para, cuando menos se lo esperen unos y otros, darnos una sorpresa. 

martes, 26 de junio de 2012

"Justicia transicional, memoria histórica y crisis nacional"

Hoy toca hacer algo de publicidad. Acabo de publicar un libro titulado "Justicia transicional, memoria histórica y crisis nacional". En él defiendo tesis polémicas como, por ejemplo, que el movimiento de recuperación de la memoria histórica es una manifestación más de la crisis nacional que vive España en estos momentos, y que se basa en el agotamiento de los proyectos nacionales que pusimos en marcha los españoles en los años de la Transición. Hablar de crisis nacional me ha llevado a profundizar en el concepto de nación, concepto discutido y discutible, como dijo en su día Zapatero. Me sumo a esa discusión proponiendo una definición de nación. Además, en el libro defiendo la Transición española después de realizar un análisis del carácter político de los procesos de justicia transicional, y también examino críticamente las leyes de memoria histórica aprobadas en España. Estos son, en síntesis, algunos de los temas que abordo en este libro. Espero que les resulte interesante.

viernes, 3 de febrero de 2012

Me tomo un descanso

Estimados lectores:

Voy a dejar de publicar. Espero que esta pausa sea lo más breve posible.

Un saludo,

Tomás

viernes, 25 de noviembre de 2011

Poesía contra el Alzheimer

Así se titula uno de los blogs que sigo, cuyo autor es mi amigo José María Sancho-Tello. Hace relativamente poco tiempo que ha retomado su vena poética y ha empezado a regalarnos unos poemas de conmovedora belleza que ofrecen una aproximación diferente a la enfermedad de Alzheimer, y en general a las demencias seniles. Buen conocedor de ese proceso que conduce al olvido total, Pepe penetra en el alma del enfermo y a través de sus poemas logra que sintamos su sufrimiento. Pepe, no dejes de escribir. Gracias.

lunes, 14 de noviembre de 2011

La niña de Huanchaco

Todavía la estoy viendo. La niña peruana no tendrá más de diez años. Marcha sentada junto a la ventanilla en sentido opuesto a la dirección del ómnibus. Junto a sus chanclas veo una bolsa de plástico con mercancías que no acierto a identificar. Ase la bolsa con la mano, junto a otra bolsa pequeña, con tres dulces, que si no estuviera en Perú diría que son mazapán. Imperturbable. Ni siquiera mira por la ventanilla. Parece saber a dónde va. Tiene una mirada de serena tristeza resignada. Su chalequito rosa que cubre una camiseta azul me llega al corazón: en él se dibujan billetes de cien dólares con la cara de B. Franklin. ¿Dónde están sus padres? Viaja sola, completa y resignadamente sola. Estoy de pie contemplándola. El conductor acelera con fuerza y creo que la he pisado levemente. No ha oído mi disculpa. Tampoco se ha inmutado al sentir mi pie. Es domingo y parece que la niña peruana vuelve o se dirige a trabajar. No sabe que hoy sigo viéndola, que no he abandonado ese ómnibus que me transporta de Trujillo a Huanchaco.

sábado, 27 de agosto de 2011

Miguel Ríos

En octubre de 1982, mi hermana me regaló para mi cumpleaños los dos cassettes del concierto en directo Rock & Ríos del gran Miguel Ríos. Todavía recuerdo de memoria las letras de todas las canciones que sonaron en ese concierto. Es natural, me pasé varios veranos haciendo como que tocaba la guitarra con mi raqueta de madera Dunlop mientras sonaba la música del rockero granadino. Hoy parece imposible pensar en artistas o grupos españoles capaces de dar una gira veraniega como la de Miguel Ríos con Rock&Ríos o El Rock de una Noche de Verano. Ayer me acordé de este gran cantante porque mientras conducía sonó “Maneras de vivir”, incluida en ese concierto maravilloso.

jueves, 14 de abril de 2011

A la memoria de Amadeo Bellver Mas

Nunca he sabido exactamente por qué esa carta estaba en mi casa. De pequeño la leí y me emocionó. Le pregunté a mi padre qué pasó y me contó una historia de injusticia. Mi tío Amadeo fue encarcelado, torturado y ejecutado injustamente. Parece ser que a los pocos días sus hermanas (una de ellas era mi abuela) llegaban a la prisión con el indulto de Franco. Demasiado tarde. El tío Amadeo había sido fusilado. Quizá el destino me reservaba esa carta para que la publicara en homenaje a su lección de serenidad y perdón generoso que los españoles no deberíamos olvidar.

Transcribo la carta de mi tío Amadeo Bellver Mas porque no se lee bien el documento original:

“Cárcel de Liria, mayo 1939

Lola, ayer domingo fue un día de prueba para mí, día amargo, día triste, día de dolor pero día de fiesta pues por encima de la tristeza y el dolor estaba el placer experimentado al ver y besar a mis hijitas, a ti y a mi madre que es la tuya, a mis hermanas, mis seres queridos, mi único recuerdo en la vida y todo esto en trance tan difícil, en estos momentos de desesperación: Lola mía, cuán injusto lo que se cometa conmigo yo que nunca fui capaz de hacerle mal a nadie y ahora que se me acuse de tantas barbaridades, todo sin una prueba que justifique ni uno sola de las cosas. Buscad personas que pidan la revisión de mi proceso y lo pongan en claro, no ya por mí, sino por la tranquilidad vuestra. Esto sería hacer justicia. [Palabra ininteligible] lo firmé todo, ¿ah?, pero es que había interés de que fuese alguien el culpable, y en nombre de un Dios que fue todo bondad fui apaleado cruelmente hasta el extremo de perder la vista y el oído. Comprenderás Lola mía que en estas condiciones se hace responsable cualquiera más cuando la dieron conmigo. No sé quién tendrá interés en que sea yo la víctima (tanto bien que he hecho, y esto lo pueden decir las religiosas que habían conmigo). Lola mía, cuida mucho a nuestras hijitas, enséñales a que sean buenas como su padre haciendo bien a todos sin rencores ni malas pasiones, y ojalá sean tratadas con todo el cariño que Dios enseñó a los hombres. Vuestro, Amadeo”.