martes, 25 de noviembre de 2025

Una pena, parece que Vilaplana no dijo toda la verdad

Las informaciones que se han conocido sobre la hora en la que Maribel Vilaplana pagó el parking después de haber estado con Carlos Mazón siembran dudas sobre la veracidad de su testimonio ante la juez de Catarroja. Les están sacando la verdad con fórceps, una torpeza fruto del miedo. La mentira es hija de muchos padres, pero el principal es el miedo (vean la película “Insomnio”, de Christopher Nolan, y estarán conmigo). Vilaplana tendría que haber acudido al juzgado con la absoluta determinación de decir la verdad. Debe de ser muy duro para ella verse envuelta en un escándalo de esta gravedad, pero es inevitable, y debe aprender a no hundirse por las opiniones ajenas que se aprestan a juzgarla moralmente. Persistir en el error no le va a traer más que problemas de todo tipo, empezando por su conciencia.

Mazón cometió errores inhabilitantes y ha asumido su responsabilidad política, aunque muy tarde. La juez tendrá que valorar si la información conocida en el día de hoy -su ausencia en los momentos clave- le supone algún tipo de responsabilidad jurídica. La política ha terminado para él. Ahora le queda aprender a vivir sin que los errores cometidos le hundan en un pozo oscuro. Vemos que mucha gente cree que no hay que tener compasión hacia los delincuentes que no se han arrepentido o hacia personas que, como Mazón, han cometido errores graves. Deben pagar la deuda contraída con la comunidad política, pero el ensañamiento con la persona no va conmigo. No me alegra, por ejemplo, ver a Ábalos demacrado y con ese pantalón ancho que se cobra dos agujeros más del cinturón para evitar que se le caiga. Ya sé que muchos piensan que se merece entrar en la cárcel, y es verdad, pero creo que quienes se alegran de la desgracia ajena deberían reflexionar muy seriamente del daño que se están haciendo a sí mismos.

lunes, 24 de noviembre de 2025

Sobre decisiones judiciales y el lenguaje guerracivilista de la izquierda

Lo mismo que he criticado duramente la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la ley de amnistía u otras decisiones, defiendo el derecho de aquellos que no estén de acuerdo con la sentencia del Tribunal Supremo condenando al Fiscal General del Estado a criticarla. Eso sí, por favor, que la critiquen una vez que la sentencia haya sido redactada y hayan tenido ocasión de leerla. Que cada cual valore las opiniones de quienes se manifiestan en un sentido u otro y saque sus propias conclusiones, puesto que todo ello forma parte de la democracia.

Más allá del debate sobre decisiones judiciales, lo que urge es frenar la degradación institucional como paso previo para reforzarlas y lograr que cumplan debidamente su función. Una vez que el tirano salga del gobierno será el momento de, con decisión, poner en marcha un proceso de regeneración democrática. No podemos seguir permitiendo que se gobierne sin presupuestos, que sean las minorías que odian a España quienes condicionen la política, o que se amenace la independencia del poder judicial. Quiero saber qué piensa hacer Feijóo al respecto. Mi olfato me dice que mucha gente que en su día confió en Rajoy ya no se fía del PP y está dispuesta a votar a Vox. Comprendo su decepción: 183 diputados y UPyD (el partido de Rosa Díez, para los que lo hayan olvidado) en el congreso con grupo parlamentario propio no sirvieron para que el “héroe del silencio” de Pontevedra hiciera algo más que fumarse un puro e idear algún chascarrillo gracioso.

Estoy recibiendo y leyendo mensajes pesimistas respecto a la situación que vivimos. Vemos que la izquierda utiliza un lenguaje guerracivilista. Con una irresponsabilidad que raya en lo criminal, Pablo Iglesias se ha permitido invitar al PSOE a “reventar a la derecha española y a sus activos políticos para llegar a donde sea necesario”. Estas palabras reúnen todos los ingredientes para ser interpretadas como una incitación a la violencia, pero, claro, el propio Iglesias defenderá que él tiene derecho a la libre expresión y no lo tienen aquellos que pacíficamente desean expresar su nostalgia franquista. Comprendo el temor por la deriva de la izquierda que se observa en este lenguaje. No hay que restar importancia a estas palabras, sino denunciar la irresponsabilidad que representan; pero, acto seguido, hay que mantener la calma y no dejarse vencer por el pesimismo. La diferencia entre la situación actual de España y la que se vivió en la II República radica en que en aquel tiempo los extremismos fueron capaces de arrastrar a numerosas masas de la población. Eso no está sucediendo actualmente. El pueblo español asiste perplejo a los desatinos de una clase política que vive en la burbuja de una lucha sin cuartel por el poder. Los partidos políticos han secuestrado la democracia y singularmente los de izquierda apuestan por tensionarla ante el temor de perder el poder quizá por mucho tiempo ante los desafueros cometidos. No van a lograr su objetivo porque la gran mayoría de los ciudadanos da la espalda a ese enfrentamiento. Esa es la razón de que los políticos sean percibidos como el principal problema de España, y de que los jóvenes empiecen a pensar que en ocasiones una dictadura puede estar justificada -grave error, puesto que gracias a vivir en democracia se puede intentar echar a Sánchez sin sangre-. No hay que dejar que cunda el pesimismo. Cada cual debe comportarse como un ciudadano responsable en el marco de sus posibilidades. Sánchez quiere seguir tensionando, porque es lo que le conviene. La respuesta no es el pesimismo, la desazón y la reacción airada. Hay que criticar sus desafueros con toda claridad y, cuando llegue el día, VOTAR, aunque haya que perder dinero anulando viajes o lo que haga falta.

jueves, 6 de noviembre de 2025

Dimitió Mazón

Hace casi un año que escribí sobre los errores inhabilitantes de Mazón. Debía asumir su responsabilidad política y lo ha hecho. Tarde, muy tarde, sí, y forzado por la tenaz movilización ciudadana. Ha actuado mal. Ahora bien, llamarle “asesino” es un exceso. Estoy convencido de que no se enteró o no supo calibrar la magnitud de la catástrofe. Le sobrepasó, se equivocó. Parece que siempre que hay una catástrofe muchos se sienten en la necesidad de buscar culpables y responsables. Hay que investigar, desde luego, depurar responsabilidades para evitar que se vuelva a repetir. Pero esa búsqueda con saña para hundir a la persona no me gusta. 

Dejando eso al margen, no entiendo como Feijóo no forzó la dimisión de Mazón desde que se supo dónde había estado ese día. Esa pasividad o tacticismo me generan desconfianza en su forma de ejercer el liderazgo. Imagino que habrá razones que le llevaron a actuar así, pero sólo él las sabe. Para mí, desde luego, ha cometido un error incomprensible.

sábado, 1 de noviembre de 2025

La banda sonora de "Alta tensión"

Anoche, repasando las películas de Amazon Prime, me entraron dudas de si había visto “Alta tensión” (The Living Daylights), de James Bond, una película de 1987 interpretada por Timothy Dalton. Para despejar dudas me puse a verla y no, no la conocía. La peliculeta no estaba mal, “aseada” que diría “El Soro”. Llegó un momento en que desconecté de la trama y me puse a ojear un libro mientras me acompañaba el sonido de la película. De repente, reparé en la calidad de la música que estaba escuchando. La banda sonora era excelente, así que busqué el nombre del compositor. Naturalmente, John Barry en un momento creativo sobresaliente. Apenas tres años después, en 1990, componía la banda sonora inolvidable de “Bailando con lobos” y ganaba el Óscar merecidamente. “Alta tensión” tiene en su banda original algunos momentos mágicos como “Into Viena” o “Kara meets Bond” (búsquenla, se lo aconsejo de veras), cuya melodía es el preludio del “John Dunbar’s Theme” de “Bailando con lobos”. Uno de estos compositores como John Williams, Ennio Morricone o Hans Zimmer que nos han logrado emocionar mientras nos cuentan una maravillosa historia de cine.