El resultado electoral de Extremadura evidencia claramente dos cosas. La primera es el hartazgo con el PSOE de Sánchez incluso en aquellos lugares en los que su suelo electoral parecía berroqueño. Excelente noticia que hay que seguir confirmando en sucesivos comicios hasta mandar a este sinvergüenza y a todos los que le han apoyado a su casa. La segunda es también cristalina: los votantes del PP que se han ido a Vox van a seguir votando a este partido porque, tras la experiencia con Rajoy, desconfían de que el PP se mantenga firme en el impulso a ciertas políticas que para ellos son imprescindibles. María Guardiola no ha entendido que a Vox se le vota para que les agarre del ronzal y no manseen a la hora de derogar determinadas leyes o políticas con tufillo woke. La solución no es “librarse” de Vox, sino pactar con Vox la política teniendo claras las líneas rojas. Deben entenderse con inteligencia. Sánchez lo fía todo a la torpeza de estos partidos. Por eso es imprescindible que actúen con responsabilidad y respeto a sus electores.
Vox es un partido
plenamente democrático y es imperativo respetar a sus votantes. Los
comentaristas de PP y PSOE no aceptan la realidad que los electores están
reiterando hasta la saciedad: hay cada vez más españoles que optan por una reforma
de gran calado. Esa es la razón por la que sube Vox. La gran incógnita es si la
izquierda respetará la democracia o declarará la “alerta antifascista”. Pienso
que muchos votantes del PP todavía no se han decantado por Vox por temor a tensionar
en exceso (miedo a la reacción de la izquierda) la política española. Sin
embargo, el resultado de Extremadura refleja que para los votantes de la
izquierda es mayor el hastío que les provoca la sinvergonzonería del PSOE que
el miedo a Vox.
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