La estrategia de Vox diseñada por Abascal es una jugada maestra que puede llevarle a un resultado extraordinario. Su apuesta es clara: son oposición al bipartidismo, al propio régimen del 78, aunque siendo plenamente leales a los procedimientos en él previstos. Todos aquellos que compartan ideas conservadoras y estén descontentos con el sistema constitucional pueden querer votar a Vox. El precio a pagar por este partido pasa por no entrar en ningún gobierno y así tener las manos libres para hacer oposición al PSOE y al PP. Sumar y Podemos se convirtieron en la “casta” que tanto criticaban. Abascal, en cambio, se dio cuenta de que entrar en los gobiernos autonómicos con el PP era cavar su tumba y buscó un pretexto para rectificar ese error. La impugnación del régimen del 78 les está llevando a desmarcarse del Rey. Aquí yerran, porque el Rey encarna la legitimidad dinástica y es la cabeza de la nación por encima de la propia Constitución. Quizá por ello simplemente se limitan a no comentar sus discursos, a guardar un “respetuoso” silencio.
La estrategia de Vox puede ser peligrosa para las
expectativas de Feijóo, sí, pero en la medida en que pueden captar votos de
descontentos de la izquierda con el propio sistema también es posible que facilite un resultado extraordinario
para la suma de PP y Vox, aunque ello no se traduzca en un gobierno de coalición. Por otra parte, en la medida en que no pacta con el PP desactiva el argumento de Sánchez sobre que votar al PP implica que gobierne Vox. Vamos a ver a qué distancia logra situarse del PSOE, porque, tras los aciertos de su líder, este partido está lanzado.
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