domingo, 4 de enero de 2026

La "pax americana" y la siesta hispánica

Intervenir militarmente en un Estado para derrocar a un tirano puede estar justificado en casos muy excepcionales. Previamente, hay que adoptar todos los esfuerzos diplomáticos para deponerlo por otras vías y, si ello no es posible, lograr que cualquier actuación cuente con el aval de las Naciones Unidas. Por tanto, la alegría de ver que un dictador como Maduro es detenido con un mínimo derramamiento de sangre no nos debe impedir ver que la actuación de Trump es una pésima noticia, puesto que abre la puerta a la utilización discrecional de la fuerza en las relaciones internacionales, es decir, la ley de la selva. Además, en su rueda de prensa no disimuló que su principal objetivo es controlar las reservas petrolíferas de Venezuela. Por este camino en cualquier momento se le ocurrirá ocupar militarmente Groenlandia o cualquier otro lugar que considere de interés estratégico para los Estados Unidos.

Supongo que era mucho pedir que el PP condenara la actuación estadounidense. La “realpolitik” por lo visto lo impide. Además, antes de que Feijóo hubiera podido pronunciarse en ese sentido o en otro ya se habría encontrado a Ayuso celebrando la actuación yanqui en las calles de Madrid. Sin embargo, es una buena ocasión para marcar diferencias con Vox y, de paso, para mostrar que el PP tiene un proyecto para España, cosa que no es verdad.

La demostración del imperialismo yanqui en Venezuela hace que se vea con absoluta nitidez que España está sesteando. Todos estos países hermanos de Hispanoamérica, en lugar de exigir que España pida perdón por la conquista deberían empezar a darse cuenta de dónde está la auténtica amenaza imperialista. En un mundo donde los grandes actores son Estados Unidos, China y Rusia, la Unión Europea no va a desempeñar ningún papel, porque no tiene la capacidad de hablar con una sola voz. En el momento en que Francia sea gobernada por un partido populista de derechas, se acabó. Y será pronto. Esto no significa que debamos desentendernos de la Unión Europea, pero sí ser muy conscientes de que nuestro gran objetivo debe ser Hispanoamérica. Deberíamos volcar todas nuestras energías en liderar intelectualmente la comunidad hispana, en tratar de cooperar económica y militarmente para lograr que la hispanidad fuera un actor cada vez más importante en el mundo. Ello exigiría un cambio radical que ahora mismo es impensable. Estados Unidos considera que Venezuela forma parte de su zona de interés. ¿España no tiene nada que decir? Pues parece que no.

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