La entrevista -por así llamarla- de Aimar Bretos (un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo, como decía Fernando Galindo, el personaje protagonizado por López Vázquez) a Sánchez en la cadena Ser ha evidenciado, una vez más, la catadura moral del personaje, que sigue haciendo méritos para ocupar una posición destacada entre los mayores felones de la historia de España. Uno no sabe por dónde empezar, dada la gravedad de las mentiras. Según el dandi estragado, la culpa es de cualquiera que no sea Marruecos, afirmación falaz y absurda que rechazan todas las formaciones políticas, incluida su propia ministra de Defensa. Luego está eso de que nadie ha hecho más por Ceuta que su gobierno y que, además, saldrá reforzada. Me imagino lo que habrán sentido los ceutíes al escuchar semejante declaración. Seguimos con la reivindicación de su derecho a tener vacaciones, que si ha sido escuchada por Zelensky todavía pensará que el traductor se está quedando con él. Y atención a cómo desprecia a Aznar en su decisión de mandar a los boinas verdes a recuperar el islote de Perejil. Su frivolidad y felonía al ver en ello poco más que una patochada confirma que España está en manos de un agente de Marruecos. Para qué seguir: una auténtica vergüenza que supongo que abochornará a cualquier simpatizante del PSOE que todavía conserve algo de decencia.
Punto y aparte merece la mención al Rey. El masajista Aimar
Bretos aplicó las manos con suavidad en forma de pregunta: “¿Ha estado sobre la
mesa un viaje del Rey a Ceuta?”. Podía responder en un sentido u otro, sin
poner en la diana al monarca con reproches absurdos, puesto que el Rey no va a viajar
allí sin la autorización del gobierno. Pero no se ha conformado con una
respuesta neutra, sino que se ha lanzado al ataque contra Felipe VI. Se
ha permitido la falsedad -no corregida por el masajista, a esas alturas ya
convertido en utillero- de afirmar que el Rey lleva veinte años de reinado
(luego lo querrá maquillar diciendo que quería decir que hacía veinte años de la última visita
de Juan Carlos I), pero lo ha dicho en un tono de reproche que confirma que en su estrategia de sacudir y polarizar a la sociedad
española apunta contra la monarquía. Será su mayor error. Al igual
que Zapatero, Sánchez va a dejar el cargo muy joven. Le quedará un largo
horizonte para ser muy consciente de cómo va a pasar a la historia. Pero antes,
muy probablemente, deberá verse las caras con la justicia.
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