martes, 8 de septiembre de 2026

El informe PISA confirma el hundimiento de la educación en España

Me congratula ver la importancia que los periódicos han otorgado a los catastróficos resultados de España en el Informe Pisa. La conclusión no admite dudas: la educación de nuestros hijos refleja unas carencias alarmantes en competencias tan elementales como poder leer un texto y comprenderlo, y ya no digamos nada del bajísimo nivel en materias como matemáticas. No puede culparse de estos resultados a una inexistente masificación de la enseñanza, puesto que el número de alumnos en las aulas es muy inferior al de hace unas décadas. Las principales causas que se citan son la presencia constante de pantallas y móviles, y la ausencia de una cultura del esfuerzo que ha dado paso a un modelo de enseñanza que para no generar frustración u otros problemas opta por el aprobado fácil. El informe destaca que cada vez hay menos alumnos excelentes, natural consecuencia de igualar por lo bajo.

Quienes nos dedicamos profesionalmente a la educación universitaria llevamos percibiendo este desastre desde hace años con una completa impotencia. Es descorazonador pedir que los estudiantes lean textos y ver que no sólo les falta voluntad, sino que son incapaces de hacerlo. Dan muchísima pena, porque les han robado una de las mayores riquezas que una persona puede atesorar, el conocimiento. Los bienes materiales vienen y van, pero tenemos el deber de transmitir el conocimiento, la sabiduría y las virtudes a nuestros hijos. No es su fracaso, sino el nuestro. Les hemos fallado y estamos comprometiendo el futuro de España.

Mención especial merece el resultado de País Vasco y Comunidad Valenciana. Curiosamente, dos comunidades con lengua propia que se utiliza como lengua vehicular de la enseñanza. Además de estas lenguas, se insiste en el inglés y a ellos suman los colegios privados otra lengua extranjera para hacer de nuestros alumnos casi un Carlos V. El desastre se extiende a los colegios privados, incluso más que a los concertados. Algunos padres que apuestan por estos centros cometen el error típico del nuevo rico de creer que pagar es sinónimo de buena enseñanza. Son colegios que para ganar más dinero se embarcan en metodologías docentes ligadas a la tecnología y la guinda consiste en hacer la pelota a los alumnos hasta el punto de “agradecer” su trabajo en clase. A los padres se les cae la baba leyendo los buenos comentarios sobre sus hijos (así los mantienen en el colegio), y luego no comprenden cómo es posible que cuando llegan a la universidad suspendan casi todas las asignaturas. Saben en teoría varios idiomas y no son capaces de leer un libro. Urge un cambio de rumbo.

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