jueves, 26 de marzo de 2026

Ya empezamos a ver las consecuencias de legalizar la eutanasia

En 2020 mostré en el blog mi preocupación ante la despenalización de la eutanasia que se preparaba y que finalmente se aprobó. Esta misma tarde se va a aplicar la eutanasia a una chica de 25 años que, al parecer, lleva una vida marcada por un intenso sufrimiento. Debido a ello, intentó suicidarse, pero fracasó en el intento y quedó paralítica, lo cual también le provoca fuertes dolores. Además, parece que abusaron de ella sexualmente. Todo ello sin duda le ha dejado secuelas psicológicas, aunque sería muy arriesgado, dada su edad, decir que son irreversibles.

No dudo del sufrimiento de esta chica y de su sincero deseo de morir, pero la cuestión que debemos plantearnos es si la compasión que se pueda sentir por ella debe traducirse en ayudarle a satisfacer su deseo de morir. Una sociedad puede ayudar a una persona que sufre de muy diversas formas. Quitar la vida es una acción extrema que sólo debería reservarse para situaciones absolutamente irreversibles en procesos terminales, que es lo que sucede con los cuidados paliativos. Fuera de esas situaciones, acabar con la vida de una chica de 25 años me parece una temeridad que, además, puede provocar que muchos jóvenes que no le ven sentido a la vida lo encuentren en la lucha por lograr la propia muerte.

Con la autorización de esta eutanasia se va a abrir la puerta a la “pendiente resbaladiza”. Ya verán como empezamos a conocer más casos de gente que quiere morir, porque la vida es dura y, en algunos casos, durísima. Pero el sufrimiento hace que el ser humano pueda dar lo mejor de sí mismo si le mira a los ojos  y comprende su sentido, como enseñó Víctor Frankl.

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