Hay lugares como Orihuela en los que uno se siente bien sin saber
exactamente por qué. Son muchas cosas y ninguna en particular. El sabor a
pueblo de algunas calles se combina con la monumentalidad del centro. La huerta
de la vega baja regada por el Segura, que me recuerda a la huerta valenciana,
sobre todo a la comarca del Camp de Túria, hace de Orihuela una ciudad muy
distinta al resto de las de la provincia de Alicante. También esas montañas que
la rodean y que invitan a pararse a contemplarlas cuando el sol las viste de
diferentes colores acentúan la originalidad de Orihuela. El otro día, al salir
del edificio de la Universidad (Las Salesas), comenzaba a anochecer y me sentí
tan a gusto respirando el aire puro oriolano que miré al cielo y tomé una foto
de la iglesia ubicada en la plaza contigua a la Universidad.
jueves, 27 de febrero de 2014
martes, 25 de febrero de 2014
Deontología
Cuando comienzas a impartir por primera
vez una asignatura tienes unas ideas sobre cómo abordarla que sirven para diseñar su estructura y decidir los contenidos del temario; pero la asignatura se cuece realmente y termina de elaborarse a partir del contacto
con los alumnos. Es verdad que cada curso te planteas posibles retoques, pero el
primer año es clave. Les cuento esto porque este año he comenzado a impartir
una asignatura nueva, “Deontología en la Administración Pública”, y
estoy inmerso en esa enriquecedora experiencia.
Cada
día estoy más convencido de la importancia de abordar rigurosamente esta materia.
Por una parte, la deontología nos exige profundizar en las relaciones entre
derecho y moral, y sobre todo en la relación entre lo social y lo personal. Después vienen diferentes cuestiones, entre las que destaca el complejo fenómeno de la corrupción,
que no sólo exige comprender sus causas e indagar sus posibles remedios,
sino también plantearse cuál es el sentido de la vida humana con el fin de
darse cuenta de la necesidad de adoptar en determinadas circunstancias
decisiones difíciles que implican un riesgo personal. En esta
asignatura, además de las reflexiones teóricas sobre estas
cuestiones y sobre otras, me parece imprescindible fomentar en el alumno determinadas actitudes, y para ello es necesario emocionar. Por eso recurro al cine, a historias que
ilustran problemas relacionados con la deontología. Está bien hablar de
corrupción, pero si además ves a Kevin Costner rechazar un soborno en “Los
intocables”, o a Sean Connery –el inolvidable “Mallone”- prolongar su
agonía milagrosamente las explicaciones cobran una nueva dimensión. Les intento
emocionar y resulta que soy yo el que termina una vez más prendado cuando veo estas obras
maestras. Por cierto, he incluido una unidad sobre liderazgo (aprovechando que el Pisuerga pasa por El Cairo) en
la que proyectaré “Master & Commander”. Desde luego, si logro cocer bien esta asignatura me voy a quedar muy satisfecho.
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Películas,
Reflexiones personales
lunes, 17 de febrero de 2014
Convención y convicción
Esta semana algunos profesores hemos recibido unas clases de recursos comunicativos impartidas por Adán Rodríguez, actor y director del aula de teatro de
la Universidad Miguel Hernández. Fueron cuatro horas amenas, divertidas, en las
que aprendí algunos recursos que seguramente me vendrán bien. El mundo de la
interpretación me fascina y no me disgustaría apuntarme al
aula de teatro, pero como no tengo tiempo me conformo con ver de vez en cuando buenas
películas e ir al teatro de uvas a peras. Decía Adán que el teatro es “convención”
y “convicción”, una obviedad que sin embargo me ha hecho pensar. Vamos al cine o al teatro asumiendo que lo que allí veremos es una obra de
ficción, una convención que se va a representar y que se nos propone que
aceptemos como tal. Eso es así incluso en las obras inspiradas en hechos
reales, pues también aquellas que pretenden ser absolutamente fieles a lo
acontecido deben interpretar los sucesos en cuestión. Y una vez asumida la
convención, los actores deben actuar con la convicción que les exige ser fieles
a lo convenido hasta lograr arte dramático.
Esto de la convención y la convicción me parece bastante interesante no
sólo a la hora de valorar una película o una obra de teatro, sino sobre todo
porque sirve para conocer a la gente. Hay personas –yo diría que la mayoría- que
disfrutan con películas de cualquier género y centran su crítica en que el
guión es mediocre, las actuaciones no son creíbles, el ritmo narrativo es
lento, el desenlace se ve venir desde el principio, etc. Son críticas que
aceptan la “convención” y se centran en la “convicción”, es decir, en la manera
en que se desarrolla la historia. Sin embargo otras me llaman la
atención por su intolerancia a la “convención”. Desde el principio rechazan la
propuesta y no pueden ver más allá. Poco importa que los actores sean buenos,
la historia original, los diálogos divertidos o el ritmo trepidante. Se cierran
en banda a la propuesta por diversas razones, en la mayoría de ocasiones morales, a veces por rigidez mental, aunque también por desilusión,
un caso que a veces incluso resulta divertido. Les pondré algunos ejemplos.
Mi padre ha visto muchísimas películas y su actitud siempre ha sido muy
tolerante, pero recuerdo una ocasión en que no aceptó la
convención. En los años setenta se hablaba mucho de los ovnis y de los
extraterrestres. El programa del Dr. Jiménez del Oso propició el interés por estos temas. De aquella época es “Encuentros en la tercera
fase” (1977), de Steven Spielberg. Teniendo esta película en la retina, puede
el lector imaginarse qué esperaba mi padre, que veía todas las semanas el
programa de Jiménez del Oso, de “E.T. El extraterrestre” (1980), también dirigida por
Spielberg. Fuimos al cine y desde luego yo lo pasé muy bien, pero recuerdo que cuando le
pregunté qué le había parecido él expresó su disgusto diciendo que “açó era una película de xiquets”. Venía pensando en una propuesta completamente distinta y en lugar de adaptarse a esa
bellísima historia se negó en redondo a la convención y no pudo apreciarla en
absoluto.
Dejando al margen películas manifiestamente irreverentes, los moralistas
cerriles no aceptan la convención cuando se les proponen historias como “Eyes
wide shut”, de Stanley Kubrick, en la que todo comienza a partir de la
confesión de una fantasía sexual, o “El paciente inglés”, de Anthony Minghella,
en la que inevitablemente los hay incapaces de aceptar que un amor adúltero pueda protagonizar una gran historia de amor. Son dos películas que, aunque muy distintas, me encantan. La
atmósfera que recrea Kubrick es embriagadora. Un halo de misterio y temor
acecha al protagonista, aunque todo queda en un susto. Al margen del pasaje de
Tom Cruise en la orgía que se celebra en la mansión, la entrevista posterior de
Cruise en la casa del personaje interpretado por Sydney Pollack me parece
genial. Le recibe con alegría, le agasaja, le invita a una copa y a jugar al
billar, preliminares exquisitos para decirle que le ha pillado en la mansión.
Impresionante. Y de “El paciente inglés” qué puede uno decir, pues
sencillamente que es una obra maestra que merece por sí sola una entrada.
Finalmente está el caso más sorprendente, el de aquellos que se niegan por pura
rigidez mental, porque no están dispuestos a aceptar aquello que les resulta
extraño. Se trata de personas que ven la vida de una determinada forma y todo
aquello que no se adapta a su visión, bien se trate de un drama
o de una comedia, es inmediatamente recibido con desprecio o sencillamente
rechazado. Pocos negarán haber pasado un buen rato con la película “Mejor
imposible”, que creo que le valió el óscar a Jack Nicholson. Pues bien, alguno apenas ve el comportamiento extraño y ofensivo del
personaje de Nicholson ˗un obsesivo compulsivo˗ pone cara rara y no acepta la
convención. Y los ejemplos podrían multiplicarse.
Es interesante conocer a una persona yendo al cine con ella y descubriendo su grado de tolerancia a las convenciones.
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Reflexiones personales
sábado, 25 de enero de 2014
En la misma línea…
Acabo de leer un artículo que va en la
línea de las reflexiones realizadas en el último post. Se lo recomiendo.
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Sociedad
jueves, 23 de enero de 2014
¿Recuperación?
Es curiosa la ola de euforia a la que algunos políticos y medios desean que nos subamos los ciudadanos. Las previsiones del FMI parecen confirmar la recuperación
al reconocer que hemos decrecido este año una décima menos de lo previsto y que
el año que viene la economía crecerá. Sí, saben cuánto, ¿no? En efecto, el 0,6
este año y el 0,8 el que viene, pero el titular es que el FMI triplica las
previsiones de crecimiento para España. No, no crean que quiero ver el vaso medio
vacío, pues de inmediato he de decir que es verdad que la situación no tiene
parangón con el abismo al que nos asomamos hace apenas algunos meses; que el
Gobierno está actuando con sensatez dentro de su escaso margen de maniobra; y que se trata de un crecimiento asentado en buenos cimientos. Identifiquemos todo lo
positivo y ponderemos su importancia.
1. Empecemos por la prima de riesgo. De estar desbocada ha pasado a
permitir un endeudamiento mucho más barato a nuestras empresas, y las
últimas emisiones de deuda pública confirman que el Estado la “coloca” a
un interés mucho más bajo. A ello hay que añadir que nuestros títulos de deuda
pública están empezando a interesar a inversores extranjeros. Cabría suponer
que esto es porque confían en la recuperación de la economía, pero si cuando la
prima estaba disparada se decía que ello no se correspondía con la situación
real de la economía española, creo que igualmente ahora conviene no engañarse.
Lo que ha sucedido es que la Unión Europea, y más concretamente Alemania, han
cambiado de postura y se han sumado a las tesis del Banco Central Europeo.
Finalmente ha imperado la sensatez, que se ha traducido en la relajación de las
exigencias de cumplimiento del déficit público, y en la aceptación de la
política de Mario Draghi de defensa activa del euro por parte del Banco Central
Europeo. Los mercados han creído a Draghi porque Alemania ha comprendido que el
euro es lo suficientemente ventajoso para ellos como para aflojar el lazo con
que nos tienen atados. Les basta con un tirón de correa de vez en cuando.
2. Exportaciones y turismo. Es
indiscutible la mejora de nuestro sector exterior. La devaluación interna en
los salarios, la estrategia de internacionalización y la reestructuración de las
empresas que han sobrevivido a la crisis y de las nuevas que están emergiendo
son, junto a la puesta en marcha de nuevas iniciativas empresariales que
penosamente (por dificultades de financiación) se han ido abriendo paso, la
mejor noticia de esta crisis. Por otra parte, el turismo ha sido una fuente de
ingresos muy importante en el último año hasta el punto de habernos vuelto a
situar como la tercera potencia mundial en número de visitantes.
3. El déficit público sigue siendo elevado, pero parece que estamos muy
próximos a cumplir con los objetivos relajados de Bruselas. Afortunadamente,
como decía antes, se han dado cuenta de que nadie se beneficia poniendo metas inalcanzables. El esfuerzo en este terreno ha sido brutal, con un
tremendo coste social.
4. El sector financiero parece que ya no va a darnos más sustos, e incluso
se otean alegrías como la nacionalizada Bankia. Esperemos que la “sangre”
monetaria irrigue la economía.
A grandes
rasgos estos son los elementos más destacados que desgraciadamente se traducen
en un crecimiento escuálido, debido a que el consumo no puede despegar y el
gasto público permanece en la senda del ajuste. Por ello, aun reconociendo lo
positivo, realmente el panorama que diviso me sigue pareciendo enormemente
preocupante. En los próximos años encontrar un puesto de trabajo estable y bien
remunerado va a ser muy difícil en España, y no digo nada si se tiene más de 45
años. Algunos jóvenes van a tener que seguir emigrando, aunque confío en que se
consolide el nuevo impulso emprendedor (sin ir
más lejos, observo con satisfacción los “maratones” de creación de empresas que
se llevan a cabo en mi Universidad y que están suponiendo la puesta en marcha
de interesantes iniciativas empresariales). La población activa va a seguir
disminuyendo y las necesidades sociales van a aumentar de una forma muy
acusada. Aquí es precisamente donde veo el principal problema de los próximos años.
Cualquiera que tome contacto con la sanidad pública y con la situación relativa
a bienestar social se dará cuenta de que el asunto empieza a desbordarse con el
envejecimiento de la población. Más pensionistas, es decir, más gasto en
pensiones y también más necesidades médicas y de asistencia de todo tipo. Caminamos
hacia una sociedad con niveles elevados de paro, grandes
desigualdades sociales y, sobre todo, incapaz de hacer frente a las necesidades
de las capas más desfavorecidas de la población y en especial de los mayores. Si
queremos dar respuesta a estas situaciones, o aumentamos el gasto público en
sanidad y bienestar social o diseñamos una estrategia de acción social
solidaria que movilice a la sociedad. Ese fue el centro del discurso del Rey
Guillermo de Holanda que generó tanto debate. La actual situación económica nos
impide relajar el proceso de ajuste, pero al mismo tiempo el descontento
ciudadano va a aumentar y presionar para que se pongan en marcha políticas
incompatibles con el proceso de ajuste que Bruselas sigue exigiéndonos para salvaguardar el maldito euro (soy como el conejito de Duracell), así que
sigo sin ver nada claro el horizonte.
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Sociedad
miércoles, 18 de diciembre de 2013
jueves, 12 de diciembre de 2013
Las preguntas de la consulta catalana
Todo el mundo puede entender qué
implica ser un Estado independiente, pero nadie puede tener claro qué
consecuencias tendría para Cataluña y para el resto de España esa condición de
Estado “no independiente” que permite la pregunta que se pretende formular.
¿Qué sería Cataluña en ese caso?, ¿un Estado federado dentro de una España
federal?, ¿un Estado libre asociado?, porque Estado, lo que se dice Estado, suele
identificarse con una organización que se atribuye el monopolio de la violencia
legítima en su territorio, un monopolio que por consiguiente presupone la
independencia.
Dice Mas que es una pregunta
clara (más bien querrá decir que claro que es una pregunta), y que ha sido consensuada.
En ese consenso está la clave para entender el bodrio. CiU ha insistido de
manera recurrente en que Cataluña necesita “estructuras de Estado”. Su anhelo
es una soberanía compartida entre Cataluña y el resto de España, y un estatus de
Estado libre asociado. En definitiva, lo previsto en el plan Ibarretxe, es
decir una independencia libre de las cargas que comporta la independencia. Así
se explica la primera pregunta, que es fiel reflejo del independentismo sin
independencia que caracteriza a CiU. Y luego viene la pregunta -esta vez muy clara- de ERC “¿quiere
usted que ese Estado sea independiente?”, que queda parcialmente desvirtuada al no saber qué
comporta el Estado “no independiente”. Se han superado a sí mismos. Semejante
ejercicio de ilusionismo dejará perpleja a la comunidad internacional, sobre
todo a países como Canadá, que para este tipo de consultas exige claridad, pero
de la de verdad, y no preguntas de la señorita pepis. Si tanto costaba preguntar directamente “¿Desea que Cataluña sea un
Estado independiente?” es porque realmente CiU sabe cuáles son las
consecuencias de la independencia y no desea afrontarlas.
Imagino lo que vendrá a partir de
ahora. Recurso al TC y prohibición de la consulta, que con grandes protestas acatará la Generalitat para acto seguido convocar unas elecciones que supondrán la
investidura de un presidente de la Generalitat de ERC que realizará una
declaración unilateral de independencia apoyada en una resolución del parlament
de Catalunya. A partir de ahí se puede especular. Un colega me
decía mientras almorzábamos que no se utilizará la violencia y Cataluña se
independizará, que además es lo que él considera más adecuado, pues es una
cuestión que a su juicio no merece una sola gota de sangre. Yo creo que la
respuesta del Gobierno puede estar condicionada por el resultado de esas
elecciones, pero lo más probable es que no tenga más remedio que suspender la
autonomía y utilizar las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, o incluso
el ejército para hacer cumplir la Constitución.
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