Olvida el ayer,
olvida el futuro,
y aprende a vivir
en silencio,
desnudo y solo.
Olvida tu nombre,
olvida tu
apellido,
y aprende a vivir
en silencio,
desnudo y solo.
Olvida lo que hiciste
ayer
y lo que harás mañana,
y aprende a vivir
en silencio,
desnudo y solo.
Olvida tu
soledad,
olvida tu hogar,
y aprende a vivir
en silencio,
desnudo y solo.
Olvida cuánto
vales,
olvida tus
monedas y tesoros,
y aprende a vivir
en silencio,
desnudo y solo.
Olvida tus
heridas,
olvida tu
fortaleza,
y aprende a vivir
en silencio,
desnudo y solo.
Olvida todo, sin
dejar nada,
olvida tu yo
entero
y verás ‘todo’ en tu nada,
vivirás en el ‘Todo’ sin nada.
(Manuel J. Fernández Márquez, Silencio
y Transformación, Madrid, Ed. San Pablo, 1997)
4 comentarios:
Que paradójico resulta que nacemos desnudos y solos, y no obstante no sabemos volver a nuestra esencia primera, para dar valor a las cosas. Este es unos de esos poemas en los que lees y te da igual la rima, porque el contenido en sí te invita a leerlo lento y a la reflexión.
Precioso poema, Tomás, gracias por compartirlo.
De nada, Lola. Bienvenida al blog.
Buen poema, revelador... no lo conocía. Enhorabuena por su blog. Visite el mío, si le apetece, en lafuriaylatristeza.blogspot.com; quizá le interesen las entradas bajo la etiqueta de "filosofía barata".
Nos leemos!
No se que ha hecho que sintieras cada una de las palabras de este poema. Por mi parte solo puedo decir que lo comparto.
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