domingo, 2 de marzo de 2025

Sobre el incidente en el despacho oval y la situación de Ucrania

El insólito incidente que se vivió en la Casa Blanca hace unos días entre Zelensky, Trump y Vance merece ser analizado con cierto detenimiento para comprender la situación política internacional relacionada con la guerra de Ucrania. El momento de tensión ha sido presentado en los medios de comunicación de diversas maneras y es un ejemplo excelente para insistir, una vez más, en la importancia de hacer un esfuerzo por informarse bien y evitar que nos manipulen. Afortunadamente, en esta ocasión contamos con un vídeo completo de toda la rueda de prensa que duró más de cuarenta minutos. Búsquenlo en internet y hagan el favor de verlo íntegramente. 

La discusión comenzó en los últimos diez minutos aproximadamente. Hasta el momento en el que se produjo el encontronazo la rueda de prensa, aunque tensa, se desarrollaba con cierta normalidad. Trump insistía en la importancia del acuerdo que había alcanzado con Ucrania y Zelensky recordaba que Ucrania era víctima de una agresión. Cada cual en su posición. Llegó un momento en que tomó la palabra el vicepresidente Vance para destacar que la anterior administración Biden había hecho declaraciones muy duras que no habían servido para nada y que ahora era el momento para la “diplomacia”. En ese momento Zelensky quiso replicar. Tomó la palabra y recordó que su país sufrió la ocupación de Crimea en 2014 y desde entonces había enfrentamientos en toda la zona del Donbás con Rusia. Estaba poniendo de relieve que se trataba de una guerra de "baja intensidad" (recuerdo que por aquel entonces escribí el post “Prudencia, Ucrania, prudencia”). Zelensky explicó a Vance que desde aquel año hasta la invasión de 2022 Ucrania había llegado a acuerdos de alto el fuego con Rusia, pero que habían sido incumplidos reiteradamente. Aludió a que a lo largo de todos esos años Estados Unidos tuvo varios dirigentes: Obama, Trump, Biden y ahora nuevamente Trump. Nada cambió con relación a Rusia. La conclusión era obvia: cómo puede decir el señor Vance que ahora es el momento de la “diplomacia”. ¿De qué sirvió la “diplomacia” con Putin a lo largo de esos ocho años? Esta intervención de Zelensky irritó a Vance y a Trump. Ambos se lanzaron a por Zelensky y la situación dio la impresión de una encerrona.

Zelensky tenía toda la razón en lo que le dijo a Vance, pero no fue diplomático. Era una argumentación para hacerla valer en una negociación privada, no delante de los periodistas. De ahí que Trump y Vance se lanzaran a por él y pudiéramos ver con toda claridad qué es lo que se pretende. La cosa es bien sencilla, trágicamente sencilla. Estados Unidos sabe que si cancela su ayuda militar Putin puede ganar la guerra invadiendo la totalidad de Ucrania. Por eso Trump ha dicho en alguna ocasión que Zelensky se debe “mover rápido o se queda sin país”. La nueva política de los Estados Unidos le lleva a plantearse qué les conviene más y han llegado a la conclusión de que el enfrentamiento con Rusia es estéril, porque el principal enemigo es China. Pero tampoco pueden permitir que Putin destruya Ucrania por completo. A Zelensky le están ofreciendo lo que coloquialmente se conoce como “salvar los muebles”. Debe permitir que Rusia se quede con los territorios ocupados y pagar a Estados Unidos la factura de su apoyo militar a cambio de esos minerales que contienen las llamadas “tierras raras”. Si accede a eso, lo que Trump interpreta que es una apuesta por la “paz”, Estados Unidos garantizará que Putin respete la integridad territorial del resto de Ucrania. Por ello, Trump y Vance estaban molestos con Zelensky, ya que le están diciendo que gracias a su ayuda Ucrania puede sobrevivir como nación.

Así están las cosas entre Ucrania y Estados Unidos. A Zelensky le estaban diciendo que no tiene más remedio que confiar en la palabra de Trump y, además, mostrarse agradecido, muy agradecido por cierto. Cuando llevas años luchando por tu país, jugándote la vida y viendo como matan a tus compatriotas es muy duro constatar que el país que te estaba ayudando ha cambiado de bando y pretende que sencillamente te rindas y salves, como decía antes, “los muebles”. Y si eres Zelensky también es lógico que pienses que lo mismo dentro de cuatro años vuelve a cambiar el presidente yanqui y Putin vuelve a las andadas. De ahí que quiera garantías. La situación es endiablada y me faltan conocimientos para valorar cómo debería actuar Zelensky. Es lógico que si le fallan los Estados Unidos busque ayuda militar en los países europeos, en especial el Reino Unido, el gran enemigo de Rusia, y un país que bien merece una entrada específica en el blog. ¿Pero este apoyo europeo puede suplir la ausencia de ayuda estadounidense? No lo sé, aunque no parece probable. La cuestión es si la Unión Europea y el Reino Unido pueden amenazar a Trump en el caso de que retire la ayuda a Ucrania. Esto supondría, si no lo ha supuesto ya, el fin de la OTAN. La presión europea debería ser no solo en el terreno militar, sino en el económico, lo cual pasaría por reforzar la cooperación económica con China. Todo esto para mí es un terreno a investigar. Como ciudadanos debemos hacer un esfuerzo por evitar que nos manipulen y buscar la verdad.

lunes, 24 de febrero de 2025

A favor de la consulta de la Consellería sobre la lengua vehicular

La Consellería de Educación de la Generalitat Valenciana está organizando una votación en los colegios e institutos -creo que en ambos, aunque no estoy seguro- para que los padres puedan elegir la lengua vehicular de la enseñanza de sus hijos. Sabemos que, para desgracia de nuestros hijos, en la educación pública hay fanáticos que desean imponer el valenciano y no es fácil lograr que suelten esa “presa” que retienen con las mandíbulas bien apretadas. Se están movilizando en los medios de comunicación, en las redes sociales, con el fin de hacer ver que el gobierno de Mazón está generando un problema donde no lo hay, e incluso se han podido ver altercados, como si las familias rechazaran la iniciativa. La Consellería debe seguir adelante con esa consulta, que tiene el respaldo absolutamente mayoritario del pueblo valenciano. Nada más sensato que dejar libertad a los padres para que decidan en cuál de las dos lenguas oficiales prefieren que se eduquen sus hijos. Solo los intolerantes y los fanáticos pueden hacer problema de algo así. Mucha gente votó al PP con ese objetivo. Deben cumplir con lo prometido.

martes, 18 de febrero de 2025

Cuidado con la compasión

Es natural sentir compasión por el sufrimiento ajeno. Esa tendencia natural se ve reforzada por una educación que nos enseña a apiadarnos y a ayudar a los más débiles en la medida de lo posible. Está muy bien sentir compasión y desear mitigar el sufrimiento ajeno, pero la compasión encierra un peligro nada desdeñable: puede ser utilizada para manipularnos. Es más, muchas veces no será necesario que alguien trace un plan maquiavélico: nosotros mismos nos causaremos daño para evitar el sentimiento de culpa que suele invadir a quien no actúa como se supone que debería hacerlo una persona compasiva. Por eso hay que tener mucho cuidado.

Es curioso comprobar el cambio que se ha producido con relación a la compasión. La sociedad española de hace algunas décadas era mucho más compasiva que la actual, pese a que hoy encontremos numerosas asociaciones de voluntarios que realizan una encomiable labor social. El individualismo ha propiciado la quiebra de vínculos familiares y sociales generando marginación y situaciones de gran necesidad que quienes ponen en marcha estas asociaciones tratan de combatir. Antes, la compasión y la solidaridad que la acompaña tenía mucha más vigencia social. Por ejemplo, era habitual que las familias acogieran en la propia casa a los padres o a los suegros mientras que hoy en día es habitual desentenderse de ellos, sobre todo cuando carecen de ingresos, y escuchamos casos en los que se les deja abandonados en algún hospital. Y podríamos seguir citando situaciones parecidas.

La menor vigencia social de la compasión ha sido sustituida por una acusada tendencia a utilizarla como instrumento de propaganda o de manipulación que quizá tenga su origen en las políticas orientadas a proteger a colectivos vulnerables. No cabe duda de que una sociedad sana debe ayudar a aquellos que más lo necesitan, porque la solidaridad –que puede incluso superar las fronteras de un país cuando está basada en la caridad o en la filantropía- es una exigencia constitutiva del modo de vida político. Es justo luchar contra toda discriminación carente de justificación, y se deben adoptar las medidas necesarias para paliar, cuando sea posible, las dificultades que padecen los enfermos, discapacitados, pobres, ancianos, etc. . Muchas veces eso se traducirá en reconocerles “derechos” y no está mal que sea así. Como casi siempre, el problema surge cuando se pierde el equilibrio y, en lugar de comprender los perfiles del derecho atribuido, se pretende abusar de él utilizando para ello la compasión.

Contaré un caso en el que se observa esta idea. En las últimas décadas hemos mejorado muchísimo la accesibilidad a los edificios. Los edificios nuevos deben cumplir con la exigente normativa en esta materia. Por lo que respecta a edificaciones antiguas, se han aprobado normas que obligan a que las Comunidades de Propietarios acometan obras que mejoren la accesibilidad cuando algunos propietarios o inquilinos en situación de necesidad así lo exijan. Tienen derecho a ello, pero es posible abusar de ese derecho. Es lo que aconteció en la urbanización en la que vivo. Dispone de rampas de acceso que permiten acceder a cualquier persona en silla de ruedas. A pesar de ello, un vecino ha exigido la instalación de barandillas que bordeen toda la rampa alegando que lo necesita por razón de una determinada enfermedad. En mi opinión, la exigencia carecía de sentido porque alguien aquejado de dicha enfermedad no puede ir caminando solo y, en cualquier caso, un sencillo andador podía solventar perfectamente el problema. No obstante, quizá esté equivocado. Se puede explicar por qué la instalación es necesaria y con sumo gusto cambiaría de parecer. El problema es que no hubo siquiera posibilidad de examinar el asunto. La apelación a la compasión o, mejor dicho, a la falta de compasión de aquellos que cuestionaban la necesidad de la obra supuso un salvoconducto para, de inmediato, acceder a la petición, pese a que la obra tenía un coste de muchos miles de euros. No importaban las razones. Si uno osa cuestionar la petición de un enfermo se le tilda de mala persona, de dureza de corazón, con el fin de hacerle sentir culpable.

La compasión distorsiona la realidad en numerosas ocasiones, nos impide ver con claridad la situación y nos hace juzgar equivocadamente a las personas. Los enfermos pueden ser dignos de compasión, pero eso no los convierte en buenas personas. En cierta ocasión tuve una conversación con una psicóloga que me dijo abiertamente que las personas enfermas suelen ser muy egoístas. Me sorprendió no tanto el contenido de la afirmación, sino el valor de decir algo así, que sin embargo era fruto de su experiencia personal. No siempre es así, naturalmente, pero una situación difícil no siempre hace que aflore lo mejor de una persona, por lo que hay que tener cuidado. Personalmente, me he encontrado con personas enfermas egoístas y manipuladoras, pero también con enfermos que nunca han pretendido sacar provecho de su enfermedad.

Los ejemplos en los que la compasión distorsiona son innumerables. Se pueden imaginar las situaciones que puede vivir un profesor con estudiantes que refieren todo tipo de circunstancias personales para pedir un trato especial. Buscan el sentimiento de compasión del profesor para lograr su objetivo. No les importa en absoluto que el profesor pueda sentirse mal porque desearía hacer el favor al estudiante, pero se da cuenta de que lo que se le pide va más allá de la flexibilidad y es manifiestamente ilegal, además de injusto frente al resto de estudiantes.

Una buena persona (y también una sociedad justa) debe ayudar a aquellos que más lo necesitan, pero no olviden este consejo: ¡cuidado con la compasión!

jueves, 13 de febrero de 2025

Trump puede hundir a Europa o hacerla despertar

Cuando Zapatero llegó al poder, junto a la derogación del Plan Hidrológico Nacional -que nunca se olvide-, la primera decisión que adoptó fue retirar las tropas españolas desplegadas en Irak. Aquello sumió a España en el descrédito internacional más absoluto y de ser un leal aliado de Estados Unidos pasamos a convertirnos en un país poco fiable, en un traidor. Ha sido imposible recuperarnos de aquello, pero es que ni siquiera lo hemos intentado seriamente porque hemos renunciado a jugar un papel importante en la escena internacional.

Trump, curiosamente, se acaba de marcar una actuación digna de Zapatero. Ha renunciado a mantener el firme compromiso con la defensa de Europa, el "atlantismo" del que se nutre la OTAN. Tratará de estrechar vínculos con el Reino Unido e Israel -sus verdaderos aliados-, y dejará de ver a Rusia como un rival para resquebrajar su alianza con China, el gran enemigo para Trump. Por supuesto, la integridad territorial de Ucrania le va a importar muy poco y dejará que sean los europeos quienes finalmente asuman la defensa de ese país. Si la Unión Europea se sumara al Reino Unido y se involucrara más en la guerra de Ucrania las posibilidades de confrontación con Rusia aumentarían, algo que sin duda los europeos no estamos dispuestos a asumir si Estados Unidos no nos apoya.

En definitiva, que estamos probando la idea clásica del yanqui libertario que nos exhorta a que nos comportemos como adultos, a que cada palo aguante su vela. A eso hay que estar, y eso no sólo cuesta dinero. No basta con aumentar el gasto, sino que hay que estar dispuesto a arriesgar vidas. ¿Cómo vamos a permitir que esos hijos “seleccionados” para que disfruten de una vida con smartphone y holguras de todo tipo vayan a ser reclutados para morir en una trinchera? No nos cabe en la cabeza. ¿A quién hay que pagar para que nos defienda? Es la típica pregunta de una sociedad que piensa que el bien común es cosa de otros, que sabe que alguien vendrá a limpiar la basura. Pues resulta que no, que la vida es lucha, competencia. Que hay que esforzarse por lograr acuerdos y por vivir en armonía, pero que a veces eso exige firmeza, parar los pies a quien abusa.

La situación que se abre paso con la nueva estrategia de Estados Unidos pone de relieve lo nefasto que para la Unión Europea has sido el Brexit y la importancia sumar de nuevo al Reino Unido al proyecto europeo, pues este país estará muy incómodo ante la sintonía de Trump con Putin. Urge estrechar la cooperación entre los países de la Unión Europea, sobre todo en materia de defensa y rechazar en las urnas a aquellos proyectos que sintonicen con Trump y todavía más con Putin. ¿Qué tipo de “patriotismo” es el de Vox cuando apoya a un tipo que actúa como Zapatero en Irak? No, Abascal no es ningún patriota ni hay ningún futuro para Europa en líderes que justifican a Putin. El PP hace bien en no respaldar a Trump. Debería ser mucho más explícito, al igual que el Partido Popular Europeo. Es el momento que Europa necesitaba para atreverse a replantearse su futuro, que necesariamente pasa por una política exterior y de defensa común. Pero para ello es necesario recuperar valores sanos: sacrificio, excelencia, honor y familia. Sin eso no hay esperanza.

Hay que prestar atención a lo importante

Hace dos días, el informativo televisivo de Antena 3 que se emite a las 15:00 horas abrió con estas dos noticias: el juicio de Rubiales y, pásmense (o quizá no), el tocamiento sexual de Mapi León (futbolista) a una futbolista rival en un lance del juego. Impresionante. Este criterio periodístico de considerar que estas son noticias de gran trascendencia pública dan la imagen de que la sociedad española es puritana e inquisitorial. Sin embargo, no es verdad. La gente está harta de todo esto. No es de recibo la trascendencia que se le está dando a la estupidez cometida por Rubiales y convendría dejar estas noticias en un segundo plano.

miércoles, 29 de enero de 2025

Conocimiento y sabiduría

En uno de los capítulos más interesantes de su excelente libro El monje y el filósofo, Matthieu Ricard y su padre, Jean François Revel, distinguen entre conocimiento y sabiduría. La sabiduría implica una transformación interior orientada a la práctica de las virtudes que reconocen todas las grandes tradiciones espirituales. Para alcanzar dicha sabiduría transformadora el conocimiento teórico de la verdad no basta; la sabiduría requiere experimentar esa verdad, lo cual nos sitúa ante el problema de la “técnica espiritual”. Las hay tan diversas como los ejercicios de contemplación propios de la mística cristiana o las prácticas meditativas budistas, por poner sólo dos ejemplos. También en psicología parece que el psicoterapeuta orienta al paciente para que alcance por sí mismo un “insight”, es decir, un momento en que el paciente “ve” -pero no de forma teórica- algo que antes se le ocultaba y que constituye la palanca que le permite introducir cambios en su vida o superar un problema psicológico. 

Tener un encuentro experiencial con la verdad es un asunto fascinante que requiere un esfuerzo de escucha, estudio y reflexión seguido de una práctica contemplativa constante y bien dirigida. Y ni siquiera así es suficiente: hay que ser humilde y reconocer que los "encuentros" más significativos son una concesión, una "gracia" que se recibe y no se conquista. Esos momentos son una vivencia interior comunicable, aunque quien la escuche no quedará precisamente impresionado. Al contrario, el relato de ese encuentro puede parecer incluso banal debido a que la situación es una verdad que se comprende fácilmente desde un plano intelectual, pero cuya hondura sólo percibe el protagonista de la vivencia interior. En ocasiones, el encuentro no se logra mediante una práctica constante que facilite la introspección. Al comienzo de su conocidísimo libro “El poder del ahora”, Eckhart Tolle cuenta que su vida era pura desdicha y que se hallaba al borde del suicidio. Una noche, cuando el sufrimiento era más intenso, un pensamiento llegó a su mente: “No puedo seguir viviendo conmigo mismo”. En ese preciso instante Tolle se dio cuenta de que la capacidad de observarse a sí mismo implicaba dos "yo": el “yo” doliente cuya vida era desdichada y el "yo" capaz de contemplar a la persona Tolle que a partir de ese momento se le representaba como un "personaje". Él comprendió que su "yo" más auténtico era la conciencia pura contemplativa, un “insight” profundamente liberador que le condujo a que su vida cambiara por completo. Desde entonces se ha convertido en un maestro espiritual con millones de seguidores en todo el mundo.

Yo no he vivido nada parecido a una experiencia de ese tipo, pero sí he tenido algún encuentro experiencial con la verdad que me ha servido para entender qué quieren significar quienes advierten de que no hay que confundir el conocimiento con la sabiduría. Me sucedió hace más de treinta años. Una mañana debía coger un autobús para irme de viaje y ello me generaba cierta inquietud. Como todavía disponía de tiempo, decidí realizar un sencillo ejercicio de atención a la respiración que comenzaba observando sin juzgar los sonidos y los objetos que me rodeaban. En un determinado momento percibí claramente cómo la quietud de cada uno de esos objetos contrastaba con mi agitación interior. Me daba cuenta de que si hubiera desaparecido en ese mismo instante los objetos hubieran seguido allí, inertes, totalmente ajenos a mí y a cualquier tribulación. Es obvio, ¿verdad? Pese a lo ridículo que pueda parecer, ese “insight” se me quedó grabado porque aprendí por experiencia directa que el estado mental tiñe el mundo exterior, condiciona nuestra manera de percibirlo.

La situación que acabo de narrar se produjo en un momento de introspección, de contemplación. Lo subrayo porque, como apuntaba al principio, ese es el camino más seguro que conduce a la sabiduría. Es posible ir en busca del conocimiento e incluso de la verdad y tener éxito. Pero serán éxitos poco profundos, aunque resulten vistosos y redunden en el reconocimiento social. También la sabiduría se puede buscar, pero el camino es muy distinto: se trata de aproximarse a la verdad sutilmente, dejando que se exprese. Por ello, la arrogancia o la impaciencia son incompatibles con la sabiduría. Hay que ser muy cuidadosos cuando se trata de quitar el “velo” que cubre la verdad y acercarse a ella con humildad, con amor, porque se busca la verdad para lograr esa transformación que sólo puede ser fruto de la virtud, conscientes de nuestras evidentes limitaciones, aunque estando sumamente agradecidos precisamente por ser conscientes de esas limitaciones. Ahí está el “sólo sé que no sé nada” socrático que por encima de todo invita a la humildad y a la gratitud.

viernes, 29 de noviembre de 2024

El preocupante desinterés de los estudiantes universitarios hacia la política

En los últimos años de la vida de Franco la Universidad representó un foco de resistencia contra la dictadura. Los estudiantes estaban interesados en la política y motivados para movilizarse contra el régimen, como así hicieron muchos de ellos. Más de cuatro décadas después resulta desolador comprobar el desinterés de la mayoría de los estudiantes universitarios por la política, precisamente en un momento de máxima gravedad, puesto que hoy gobierna España alguien que cada día demuestra que no tiene escrúpulo alguno en aferrarse al poder, pese a todos los escándalos de corrupción que le señalan.

Les podrá parecer increíble, pero hay estudiantes que no saben quién es Víctor de Aldama o Juan Lobato. No leen los periódicos, pese a tener acceso a medios en la palma de la mano a través de su móvil. Ese alejamiento de la política podría ser comprensible por el asco que da ver que en nuestro país mandan demasiadas personas inmorales e incapaces. Sin embargo, esa reacción debería ser posterior a conocer lo que está pasando. No tienen ni idea, ni les preocupa, porque, entre otras cosas, nadie les ha dicho que ser ciudadano entraña una responsabilidad moral de la que ellos han dimitido.

Ayer dedicaba mi clase de filosofía del derecho a explicar la concepción clásica de la justicia y, concretamente, me detenía a explicar la llamada “justicia legal o general”, que se refiere a los deberes que tiene el ciudadano hacia la comunidad política. Les preguntaba si, en su opinión, esos deberes se agotan en cumplir la ley. Más importante que las respuestas era observar la sorpresa por este tipo de preguntas. ¿Qué ciudadanos estamos formando? Da la impresión de que en los colegios e institutos no se habla de estos temas, pero tampoco en las familias, quizá porque ya no se habla de nada en absoluto. Qué sé yo, no me lo explico. Sólo tengo claro que sin ciudadanos responsables y verdaderamente comprometidos con la defensa activa de la democracia terminará por tener razón Pérez Reverte cuando dice que Sánchez nos tiene tomada la medida.