La entrevista de Gonzo a Salomé Pradas en el programa “Salvados”
de La Sexta me pareció muy interesante y reveladora. El periodista se mostró
incisivo, pero en todo momento respetuoso con la entrevistada. Dio la impresión
de que su principal objetivo era conocer lo sucedido, aunque también orientó la
entrevista a determinar cuál fue el papel desempeñado no sólo por la
entrevistada, sino también por Mazón. Las respuestas de Pradas no dejaron lugar
a dudas: Mazón en ningún momento estuvo a la altura de lo que se espera de un responsable
político. Eso ya lo sabíamos, pero la entrevista permitió ver un talante
despreocupado, incluso frívolo, en la conversación que el presidente
mantuvo con alcalde de Cullera. No hay justificación posible.
Dejando al margen el comportamiento de Mazón, si nos centramos
en los hechos que narra Pradas, creo que dejó patente que los máximos
responsables de la emergencia desconocían la envergadura del problema que se
estaba presentando en el barranco del poyo. Las llamadas de los ciudadanos a
emergencias eran relevantes, pero debía haber habido una comunicación clara, fiable
y lo más temprana posible por parte de la Confederación Hidrográfica del Júcar.
Eso no se produjo. Veo así confirmadas
las conclusiones que expuse en las entradas publicadas aquellos días. Esta tragedia
responde a la ausencia de infraestructuras para hacer frente al desbordamiento del
barranco que se produjo, y a la incapacidad de la Confederación por informar
debidamente de la magnitud del desastre. A partir de ahí, se podía y debía
haber organizado mejor la coordinación de la emergencia y el envío del aviso a
la población, pero increíblemente no eran conscientes de la magnitud de la
catástrofe que se avecinaba. También quedó patente que los valencianos fuimos presa de la pasividad del Gobierno de España, lo cual es inaceptable.
Dejo para el final un tema muy relevante que se planteó en la
entrevista. Casi al principio, Gonzo pregunta a Salomé Pradas sobre sus
conocimientos sobre emergencias (algo así), a lo que esta responde que no
necesitaba esos conocimientos, puesto que ella era un cargo institucional y esos
conocimientos son requeridos a los técnicos de la consellería. Para terminar de
apuntalar su argumento puso como ejemplo que en la Pandemia el máximo
responsable institucional, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, es filósofo,
no médico. En definitiva, mi impresión fue que, como podía sospechar por su
formación, Pradas no tiene ni idea en materia de emergencias, como tantos
políticos que asumen ministerios o consejerías sin saber nada. Y a mí me parece
que eso no es admisible. No se trata de exigir una titulación específica, pero
la prudencia que requiere la política se perfecciona mediante una experiencia acreditada
en aquello sobre lo que uno debe tomar decisiones. Si el político no tiene
ningún conocimiento sobre las funciones del departamento que dirige, queda en manos de los técnicos, en cuyo caso podríamos pensar
que el político sobra. Mejor, pensará alguno, pero no se trata de sustituir
la política por la tecnocracia, sino de asegurar que las directrices políticas
están adoptadas por alguien que es capaz de tener una visión lo suficientemente
completa respecto a aquello que entra dentro de sus competencias. Sin ser un experto, no puede ser un completo ignorante, cosa que da la impresión de que sucedía con Pradas en relación
a las competencias de su consellería. En
definitiva, los ciudadanos debemos exigir que al frente del gobierno estén los
mejores, y ya que los partidos nos cercenan esa capacidad de elección respecto
al presidente, este debería ser responsable a la hora de elegir a quienes mejor
pueden desempeñar sus cargos al servicio de los ciudadanos. Política ficción
hoy en día, ya lo sé…