Esto no funciona y se ve a la legua, ¿verdad? Hace tiempo que la carretera de la historia se ha empinado, pero los que mandan no se atreven a decir la verdad: hay que pedalear, todos debemos hacerlo, sin excepción, porque así lo demanda la justicia. Llevamos toda la legislatura sin presupuestos, es decir, sin tener una previsión actualizada de los ingresos y comprometidos los gastos del Estado, algo verdaderamente inconcebible. Las administraciones públicas no funcionan bien. Es sabido que para acceder a algunos servicios muchos ciudadanos sufren de lo lindo para conseguir las preciadas “citas previas”. Las listas de espera en la sanidad cuestan vidas o, si alguno se lo puede permitir, dinero. De la administración de justicia mejor no hablamos, ¿o sí? Una ley cuyo fin es mejorar la “eficiencia” tiene colapsados los juzgados. Sencillamente impresionante. Bolaños, te has lucido, ¡campeón! La educación hace años que se nos fue por el sumidero y el informe PISA nos recuerda que viajamos en el furgón de cola. ¿Seguimos? No hace falta. El Estado, lo público, no funciona, amenaza derrumbe, y arrastra a lo privado, que lo está padeciendo.
Sabíamos que esto era así, pero la tragedia del accidente
ferroviario de Córdoba, seguida de la de Gerona, puede ser la gota que colme el
vaso de la indignación. Todos íbamos en esos trenes. Ya ni siquiera vamos a
poder subirnos a un tren con la tranquilidad de viajar cómodamente mientras
desarrollamos alguna actividad o sencillamente contemplamos el paisaje. Los
accidentes son inevitables, pero es patente que no se está manteniendo bien la
infraestructura ferroviaria -antes del accidente los retrasos y problemas eran recurrentes- y este gobierno lleva ya más de siete años en el
poder. No cuela echarle la culpa al PP también de esto. El
dinero que se necesita para mantener el correcto funcionamiento de los
servicios públicos se está despilfarrando comprando el voto de muchísima gente
que vive subvencionada, o lo roban los corruptos. Así no vamos a ningún sitio.
Todo el mundo lo sabe, así que hay que mostrar el hartazgo y la indignación, porque
callar en estas condiciones implica dimitir de nuestra condición de ciudadanos.