No hay que tomarse a guasa los
incidentes protagonizados por Sánchez Gordillo y los sindicalistas que le
acompañan. Asaltar supermercados u ocupar hoteles son delitos que poco tienen
que ver con una desobediencia civil pacífica y reivindicativa. Condena sin
paliativos para él y sus compinches. Pero, aun tratando de ser benevolente al
interpretar sus intenciones, ha habido una imagen que refleja el ánimo con el
que este grupo afronta sus acciones, y que me reafirma más si cabe en el
rechazo. Se supone que esta gente se ha lanzado a la calle como fruto de la
indignación ante la injusticia social. Esa indignación debería verse reflejada
en las acciones, en los gestos, en todo. Pues bien, muchas cosas se podría uno
esperar de alguien a quien le hierve le sangre menos que ocupe un hotel y se
vaya a la piscina a hacer la “bomba”. ¡Qué demonios de indignación es esa! Yo
soy el que me indigno al verlos saltar como si se tratara de una jornada lúdico
festiva. Una auténtica mamarrachada.
miércoles, 22 de agosto de 2012
lunes, 20 de agosto de 2012
Vicenç Navarro y la bandera republicana
Hoy he leído un artículo de Vicenç Navarro en el que se falta a la
verdad. Me parece muy respetable que este señor se sienta identificado con la
bandera republicana, y que defienda que España debería recuperarla como símbolo
que represente a todos los españoles. No creo que la exhibición de esa bandera
incite a la violencia, como parece que ha dicho el Gobierno al prohibir animar a España con esa bandera en los juegos olímpicos, aunque estoy convencido de que no
contribuye a unir a los españoles –siembra la discordia-, y por ello me parece
una insensatez utilizarla.
De las opiniones que desliza en
el artículo no comparto prácticamente ninguna, pero eso es irrelevante. Lo que
me parece peligroso e indignante es faltar a la verdad, y eso es lo que hace
este señor en su artículo. Y no precisamente en un tema secundario, sino en el
punto central referente a la bandera republicana. Dice Vicenç Navarro: “Mi bandera española (tan querida como La Senyera), es la bandera por la cual mis padres y su
generación lucharon (perdiendo una guerra) y es la bandera que las fuerzas
democráticas, también en Catalunya, defendimos durante la dictadura. La bandera
republicana, que, por cierto, me alegra ver que aparece cada vez más en las
manifestaciones de protesta que están ocurriendo en nuestro país. Esta bandera
liga las demandas presentes de un mundo mejor con nuestras luchas y las de
nuestros antepasados para establecer otra España, la España de los distintos
pueblos y naciones de España, frente a esta España del establishment, cuyas
políticas están causando un enorme dolor sin que tengan ningún mandato popular
para llevarlas a cabo pues nunca estuvieron en sus ofertas electorales”.
Fíjense,
por cierto, como Navarro sugiere que la salida de la crisis es una España nueva
que recupere los valores de la República. Aquí tienen un ejemplo clarísimo de
que la crisis que estamos viviendo exige repensar España, y de cómo en esta
tarea algunas propuestas nos conducen de nuevo a la discordia. Pero ese no es
el tema principal que quiero destacar del texto citado. Dice Navarro que muchos
españoles lucharon por la bandera republicana. Afirmar lo contrario casi
parecería una insensatez, porque ¿acaso no iban los republicanos a defender la
bandera republicana? Pues bien, lean con atención el siguiente texto de Julián
Marías. Marías fue soldado republicano y sufrió represalias durante el
franquismo. Por encima de cualquier otra consideración, la veracidad es el
rasgo que yo más destacaría de toda su obra.
Dice Julián Marías: “Fue un grave
error sustituir la bandera española en 1931, por la tricolor, pero a pesar de
ello esa bandera republicana fue un símbolo de esperanza y despertó mi
entusiasmo juvenil; ahora bien, muchos recordamos lo poco que interesaba
durante la guerra, lo difícil que era conseguir que fuese izada; esa bandera
que ahora [hacia 1976] exhiben a destiempo algunos partidos, no era del gusto
de socialistas, comunistas y anarquistas, o de los sindicatos, que preferían
con mucho sus banderas rojas o rojinegras, símbolos de otras concepciones
políticas distintas de una República liberal que pronto se vio desasistida” (Julián MARÍAS, La España real. Crónicas de la Transformación Política, Barcelona, Círculo de Lectores, 1983, pág.138).
Creo que el testimonio de Marías deja en evidencia que la visión de Navarro es fruto de su fantasía. Es lamentable que se ensalce un período del que los españoles no podemos estar orgullosos y al mismo tiempo se sigan echando piedras contra la Transición, el mayor éxito de España en todo el siglo XX.
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Actualidad política
lunes, 13 de agosto de 2012
¿Suprimir las autonomías?
Parece mentira que haya que
recordar lo evidente: la organización de un Estado no puede decidirse
atendiendo principalmente a criterios económico-financieros. Digo esto porque,
como habrán tenido ocasión de leer y escuchar, algunas personas insisten en que
la principal reforma que necesita España consiste en eliminar las autonomías, ya que se habría demostrado que este sistema es inviable y nos ha llevado a la
ruina.
Es fácil darse cuenta de que en
las Comunidades Autónomas se ha despilfarrado (televisiones, grandes proyectos,
aeropuertos fantasma, embajadillas, etc.), pero no tengo claro que el sistema
sea inviable, y mucho menos que sea ese despilfarro el que nos haya llevado a
la ruina. Las causas de la crisis son más profundas y, entre otras, hay que buscarlas en el escenario
que generó la llegada del euro, en la política del BCE, y también, lógicamente,
en la pésima gestión de Zapatero y de los gobiernos autonómicos desde que
comenzó la crisis e incluso antes. Se habla mucho de que resulta imprescindible que el gobierno
embride a las autonomías para asegurar que no sobrepasen el objetivo del 1,5%
de déficit. Imaginemos que no lo logran y el déficit se va al 3%. Bueno, pues
tal como está el panorama, con los ingresos absolutamente hundidos, me parece
que un dato así no puede llevar a pensar que se trata de un sistema inviable.
Si encima se cumple el objetivo ya me dirán.
En mi opinión, España acertó al descentralizar
la gestión de determinados asuntos otorgando autonomía política a unas regiones
que administrativamente se articularon en comunidades autónomas. Cuestión
distinta es si dicho sistema, sin perder su esencia, puede y/o debe ser
reformado. Pienso que son necesarias importantes reformas. En primer lugar, convendría
redefinir el número y la composición de las comunidades autónomas. En este
sentido, por ejemplo, sería mucho más racional que las tres provincias de León
(León, Zamora y Salamanca) constituyeran una comunidad autómona, y que La Rioja
y Cantabria se incorporasen a una comunidad que podría denominarse Castilla la
vieja. Asimismo, me parecería perfecto que el País Vasco se integrara en una única
comunidad autónoma con Navarra, si bien no pueden obviarse los problemas de
fondo que en este caso se presentan. Imagino que a los navarros no les hace
mucha gracia esta idea. Tampoco veo por qué razón Ceuta y Melilla tuvieron que
convertirse en comunidades autónomas. En segundo lugar, también es absolutamente
imprescindible clarificar las competencias que corresponden al Estado central y
a las autonomías, tal como sucede en los Estados federales. Además, habría que
valorar si determinadas competencias deben volver a ser ejercidas por la
administración central, tales como Justicia o Sanidad. En tercer y último
lugar, habría que definir con claridad las dimensiones institucionales que
pueden alcanzar las CC.AA y evitar duplicidades de organismos con la
administración central, lo cual no ha sucedido hasta ahora. Creo que acometer
este tipo de reformas es mucho más sensato que borrar de un plumazo las autonomías
como pregonan algunos.
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Actualidad política
miércoles, 8 de agosto de 2012
Las diferencias entre el CDS y UPyD (sobre la situación política actual)
Demos un paso atrás, dejemos
aparcadas las urgencias de la crisis por un momento y analicemos la situación
política española. Creo que está plenamente confirmado que nuestra democracia
ha entrado en una nueva fase. Para comprender adecuadamente lo que está
sucediendo habría que referirse a diferentes cuestiones, pero quizá la mejor
forma de entender la situación en que nos hallamos sea ver las diferencias que
existen entre el CDS (el partido fundado por Adolfo Suárez) y UPyD.
Presté mucha atención a UPyD desde
el comienzo de su andadura, y en alguna conversación con amigos del PP mencioné
que estaba convencido de que este partido podría llegar a desempeñar un papel
de cierta importancia en el futuro. Con la cortedad de miras que suele
caracterizar a los políticos, recuerdo que uno de ellos me dijo que UPyD no tenía
ninguna posibilidad y que acabaría desapareciendo, tal como le sucedió al CDS.
Pretender relacionar el CDS y UPyD significa no entender nada de lo que está
pasando en España.
El CDS fue un partido que se
originó todavía en el marco de la fragmentación política que caracterizó
los años de la Transición. Recordemos que Suárez lo funda en 1982 y se presenta
bajo sus siglas a las elecciones de octubre de ese año que ganó el PSOE por
mayoría absoluta. Podría decirse que tanto por el año de su fundación como por
su fundador el CDS era un partido ligado a la Transición. En esos años (1975-1982),
UCD gobernó con mayorías relativas, y hubo partidos nacionales minoritarios con
importante peso parlamentario (el PCE y Alianza Popular). Una vez concluida la
Transición, la política española se fue polarizando, es decir, los dos grandes
partidos fueron acumulando cada vez mayor número de votos y de parlamentarios
en detrimento de los partidos minoritarios nacionales. El PCE, luego Izquierda
Unida, se mantuvo bastante bien con Julio Anguita, pero, tras la desaparición
de UCD, Alianza Popular se convirtió en el referente de la derecha y el CDS,
tras un buen resultado en 1986, retrocedió en 1989 y, finalmente, el sistema
electoral lo borró del parlamento en 1993. Desde entonces hemos vivido unos
años de consolidación del bipartidismo que está llegando a su fin.
UPyD es el primer partido
nacional post-transicional que accede al Congreso de los Diputados. Según las
encuestas, aumenta su intención de voto, aunque evidentemente el sistema
electoral impide que amenace la hegemonía de los dos grandes partidos. El ascenso
de UPyD y la recuperación de IU se explican por un fenómeno que ahora mismo me
parece casi imparable: la convicción de buena parte del electorado de que tal
como actualmente funciona la política poco importa votar al PP o al PSOE. Esto
es lo que explica que el desgaste del PP no se traduzca en el aumento de las
expectativas de voto del PSOE. Los ciudadanos observan que los gobiernos de
España han perdido la capacidad de decidir autónomamente y actúan casi al
dictado de lo que exigen otros Estados u organismos internacionales. No hemos
perdido nuestra soberanía, que nadie se engañe en esto, lo que hemos perdido es
el coraje y la decencia política que exigen no olvidarnos del soberano, es decir, del
pueblo español. Y eso hace que éste paulatinamente vaya retirando su apoyo a
los dos grandes partidos y ande cada vez más convencido de que los políticos
son una parte importante de los problemas actuales de España. ¡Cómo no van a
serlo si el año pasado nos reformaron la Constitución para evitar que la prima
de riesgo se disparara y hoy la tenemos más alta! El pueblo español es
ciertamente borreguil y detesta pararse a pensar políticamente, pero este caso
es clamoroso.
La desafección hacia los
grandes partidos liderados por políticos (Rajoy y Rubalcaba) pertenecientes a una
generación en claro retroceso (de este tema me he ocupado en mi libro “Justicia
transicional, memoria histórica y crisis nacional”, por si a alguno le interesa
el asunto) va a continuar e incluso se acentuará. Yo veo que estamos ante una
oportunidad magnífica para volver la vista hacia los grandes problemas
nacionales y recuperar el interés por la política, como sucedió en los años de
la Transición. El problema es que, a diferencia de aquellos años, el
funcionamiento de los partidos políticos ha implantado una cultura política que
ha arrasado con las vocaciones políticas de muchos españoles interesados por participar
activamente en los asuntos públicos, y que cuando lo han intentando se han
visto obligados a dar un paso atrás horrorizados al ver cómo funciona la política
en España. Por eso los partidos políticos suelen estar saturados de pelotas de
formación escasa y mediocre. La opinión pública tiene razón en estar
preocupada: no tenemos políticos capaces. Es como si el cuerpo electoral
gritara que ha aprendido la lección, que no está dispuesta a volver a ser
engañada por la enésima apelación al voto útil, que está lista para dar la oportunidad
a otras formaciones y, sin embargo, nadie recogiera el guante, ni siquiera en
los grandes partidos. ¿Qué políticos jóvenes pueden relevar a Rajoy y a
Rubalcaba? Es formular esta pregunta e inmediatamente, al menos así me sucede a
mí, hacerse el silencio. La respuesta podría ser UPyD, pero para ello hace
falta que Rosa Díez se rodee de gente de verdadera envergadura. Alguna figura
de talla ha recalado en UPyD, pero falta todavía mucho.
Así que así estamos. La crisis
económica y financiera está unida a la crisis nacional, pues los españoles
debemos decidir muchas cosas respecto a nuestra manera de entender la nación,
entre ellas la necesidad de repensar nuestro papel en esta Unión Europea. Pero
repensar los problemas nacionales requiere ciudadanos activos, críticos y,
especialmente, políticos capaces. Cuando ambas cosas escasean nos empezamos a
dar cuenta de la magnitud de esta crisis.
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Actualidad política
martes, 7 de agosto de 2012
"Drácula" y otras lecturas
De los últimos libros que he leído
me ha defraudado “El alquimista”, de Paulo Coelho; me ha parecido muy
interesante “Opiniones de un payaso”, de Heinrich Böll; y he disfrutado enormemente
con “Drácula”, el clásico de Bram Stoker. Unas breves líneas sobre los dos
primeros. “El alquimista” es un tostón. Una fábula en la que la moraleja está
demasiado presente. El lector percibe la permanente y explicita intención del
autor por transmitirle un mensaje –la importancia de que cada persona se decida
a ser el dueño de su destino-, y cuando una fabula es demasiado explícita pierde su encanto.
“Opiniones de un payaso” es un
libro muy recomendable. La imagen que traslada Böll de la sociedad alemana es bastante
negativa, y en particular es muy duro con los católicos, aunque tampoco se
salvan los protestantes. La principal denuncia de Böll, tal como yo lo
interpreto, es la hipocresía de buena parte de la sociedad alemana de
posguerra. Según da a entender, el arrepentimiento de muchos alemanes por su
comportamiento durante el nazismo era pura fachada. En definitiva, una
interesantísima visión de la sociedad alemana por parte de un alemán.
¡Y qué decir de “Drácula”! Por
encima de todo, esta novela es una soberbia narración –quizá el mayor elogio
que puede hacerse a muchas novelas- que capta la atención del lector desde la
primera a la última hoja. La trama está perfectamente construida y se conoce a
través de los diarios de los principales protagonistas, que van reflejando en
ellos todo lo que les va sucediendo. La novela también me ha resultado muy
agradable porque versa sobre algunos de los valores que más aprecio: la entrega
absoluta de los enamorados, el valor, la amistad y la abnegación.
También he leído un par de novelas de Dostoyeski, "El jugador", que me defraudó un poquito, y "Memorias del subsuelo", absolutamente impactante e imprescindible para comprender mejor la obsesión de Dostoyeski con el excesivo desarrollo de la conciencia -que no duda en calificar de enfermedad- y entender bien "Crimen y castigo". ¡Ah!, se me olvidaba, excelente la "Novela de ajedrez", de Stefan Zweig. De este autor me impresionó en su día la extraordinaria novela "La piedad peligrosa", que sin duda recomiendo. "Novela de ajedrez" es una breve e impactante novela sobre la desesperación de un hombre torturado por la Gestapo que, casualmente, ve en el ajedrez la única vía de escape a un terrible sufrimiento. Aunque ya verán adónde le lleva ese "escape".
También he leído un par de novelas de Dostoyeski, "El jugador", que me defraudó un poquito, y "Memorias del subsuelo", absolutamente impactante e imprescindible para comprender mejor la obsesión de Dostoyeski con el excesivo desarrollo de la conciencia -que no duda en calificar de enfermedad- y entender bien "Crimen y castigo". ¡Ah!, se me olvidaba, excelente la "Novela de ajedrez", de Stefan Zweig. De este autor me impresionó en su día la extraordinaria novela "La piedad peligrosa", que sin duda recomiendo. "Novela de ajedrez" es una breve e impactante novela sobre la desesperación de un hombre torturado por la Gestapo que, casualmente, ve en el ajedrez la única vía de escape a un terrible sufrimiento. Aunque ya verán adónde le lleva ese "escape".
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Libros
domingo, 22 de julio de 2012
El cinismo alemán
Los alemanes van camino de destrozar Europa por tercera vez en menos de cien años. Lo peor es el cinismo que derrochan. Ahora sale no se qué ministro dándonos una palmadita en la espalda con esa frase guasona de que está convencido de que las políticas de Rajoy terminarán creando empleo. ¡Hay que ser mamón! Si no actúa el BCE no llegamos vivos a septiembre, y el fulano como si no se enterara. O son unos consumados expertos es póquer, o es que verdaderamente a estos tíos les parece que con o sin euro ellos seguirán siendo los más ricos. Quizá no les falte razón, pero habrá que ver en qué desemboca esta profunda desafección que están generando en España y en otros países hacia Alemania y, por extensión, hacia Europa. Lo que no me explico es como hay gente que viendo el panorama sigue pensando que la solución es más Europa. ¿Para qué? ¿No se dan cuenta de que esto es el cortijo de los alemanes? ¿Creen ustedes que si Alemania le dijera a Dragui que actuara éste no lo haría? Esto es demencial.
Pero la culpa es nuestra, sobre todo –se insistirá- por seguir sin “meter mano” a las autonomías. Sin duda ha habido graves errores en el diseño y en la ejecución del sistema autonómico. Determinadas competencias podrían no haberse cedido y, sobre todo, habría que haber controlado más la creación de empresas públicas, así como la delimitación competencial. Ahora, más allá de esto, la organización administrativa de España en regiones, es decir, en comunidades autónomas, es lo más sensato en función de la realidad nacional de España y de la eficiencia a la hora de resolver los problemas de los ciudadanos. Además, a fin de cuentas, muy probablemente el conjunto de las autonomías no superen el 3% de déficit este año. Y si encima cumplen con el 1,5% qué demonios más se les puede pedir. Ya está bien con el mantra de las autonomías. Concretemos qué se ha hecho mal, enmendémoslo, pero no nos volvamos locos, ni dejemos que nos vuelvan.
La realidad es que nos estamos pegando unas bajadas de pantalones patéticas por inútiles. ¿Se acuerdan de agosto del año pasado? Nada menos que reformamos nuestra Constitución en un abrir y cerrar de ojos para dar confianza a los mercados y evitar que la prima de riesgo se desbocara. No sirvió de nada. El PP aprobó nada más llegar al poder una subida de impuestos que luego fue acompañada por unos presupuestos austeros, por la ley de estabilidad presupuestaria, por el compromiso de las autonomías con el déficit, por el rescate bancario y por el recortazo final de los 65.000 millones. ¿Resultado? La prima de riesgo en 610 y una palmadita en la espalda de los alemanes diciéndonos que ese es el camino. Lástima que el cadáver no esté en disposición de escuchar el buen aspecto que tiene, según los asistentes al entierro. Sólo pido un poco de patriotismo, de dignidad ante esta política avasalladora y devastadora que están imponiendo los alemanes y sus aliados.
Pero la culpa es nuestra, sobre todo –se insistirá- por seguir sin “meter mano” a las autonomías. Sin duda ha habido graves errores en el diseño y en la ejecución del sistema autonómico. Determinadas competencias podrían no haberse cedido y, sobre todo, habría que haber controlado más la creación de empresas públicas, así como la delimitación competencial. Ahora, más allá de esto, la organización administrativa de España en regiones, es decir, en comunidades autónomas, es lo más sensato en función de la realidad nacional de España y de la eficiencia a la hora de resolver los problemas de los ciudadanos. Además, a fin de cuentas, muy probablemente el conjunto de las autonomías no superen el 3% de déficit este año. Y si encima cumplen con el 1,5% qué demonios más se les puede pedir. Ya está bien con el mantra de las autonomías. Concretemos qué se ha hecho mal, enmendémoslo, pero no nos volvamos locos, ni dejemos que nos vuelvan.
La realidad es que nos estamos pegando unas bajadas de pantalones patéticas por inútiles. ¿Se acuerdan de agosto del año pasado? Nada menos que reformamos nuestra Constitución en un abrir y cerrar de ojos para dar confianza a los mercados y evitar que la prima de riesgo se desbocara. No sirvió de nada. El PP aprobó nada más llegar al poder una subida de impuestos que luego fue acompañada por unos presupuestos austeros, por la ley de estabilidad presupuestaria, por el compromiso de las autonomías con el déficit, por el rescate bancario y por el recortazo final de los 65.000 millones. ¿Resultado? La prima de riesgo en 610 y una palmadita en la espalda de los alemanes diciéndonos que ese es el camino. Lástima que el cadáver no esté en disposición de escuchar el buen aspecto que tiene, según los asistentes al entierro. Sólo pido un poco de patriotismo, de dignidad ante esta política avasalladora y devastadora que están imponiendo los alemanes y sus aliados.
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sábado, 21 de julio de 2012
Me explico, Pepe
Preguntaba Pepe el otro día si
hablaba en serio cuando decía que prefería levantarme con el corralito (una
cosa así no se anuncia) y el regreso a la peseta. Llevo bastante tiempo
escribiendo sobre la crisis sin haberme decantado abiertamente por esta opción,
pero ahora ya estoy convencido de que hay que desempolvar las pesetas. Sí,
Pepe, sí. Y te diré por qué formulando antes unas sencillas preguntas. ¿El Banco
Central Europeo defiende verdaderamente los intereses de la eurozona o más bien
es un instrumento de Alemania? Da la impresión de que Alemania quiere que
supliquemos el rescate total, ¿no? La pregunta es obvia: si 65.000 millones no
bastan, ¿en qué puede consistir ese “rescate”? Las condiciones serían
draconianas, absolutamente inaceptables, pero no tanto porque no estemos
dispuestos al sacrificio, sino porque sería un sacrificio baldío en tanto hundirían
todavía más la economía española, al igual que, salvando las distancias, el “rescate”
griego no puede funcionar.
Insisto una vez más, España ha
cometido errores gravísimos, funestos, necesita reformas, etc. Todo eso es
verdad, pero al mismo tiempo los alemanes han estirado demasiado la cuerda,
quizá no demasiado conscientes de las consecuencias que puede tener un NO de
España. Y en eso confían, en que el gobierno español no se atreva a salir del
euro y acepte lo que se le dicte. Por eso, si el gobierno no es capaz de
plantarse, tendremos que hacerlo los españoles. Espero que no se llegue a esa
situación y nuestro gallego sepa jugar bien su mano de póquer. Se ve que García
Margallo ya no se aguanta y falta poco para que empiece a largarle denuestos al
cabronazo de Draghi –yo ya me tomo alguna licencia poética-.
La principal dificultad para
tomar la gran decisión de mentar la quiebra y el regreso a la peseta es que se
piensa que eso es renunciar al progreso, porque el progreso está cerca de
socios tan magníficos y ejemplares como Alemania, Austria, Holanda o Finlandia.
Ahí está nuestro problema. Falta de patriotismo bien entendido. Claro que hay
que aprender del rigor y el buen hacer colectivo de estos países, pero ese
aprendizaje no se logra mirándoles embelesadamente y obedeciendo sus dictados.
Lo que hay que hacer es repensar España y transformarla aprendiendo de quien
tenga algo que enseñar. Hay que tener la personalidad de los ingleses para
transformarnos desde nuestra españolidad en lugar de ser un país que reniega de
sí mismo y prefiere que le intervengan para que alguien ponga orden (seguro que
esto se lo han oído a más de uno). Seguro que todavía hay más de uno que piense
que mejor nos habría ido si los españoles hubiéramos tragado con José Bonaparte
en lugar de luchar por el legítimo hijoputesco –hoy me salgo- Fernando VII. Hoy
estamos en las mismas, y espero que la sangre que corre por las venas de los
que pasean por la Puerta del Sol sea verdaderamente española: ni hablar de un
rescate.
Habrás escuchado, Pepe, que dicen
que el regreso a la peseta sería ruinoso. Muchos de los que lo afirman también
afirmaban que con ciertas medidas sería cuestión de poco tiempo que la prima de
riesgo se “relajara”. Como ves, no tienen ni puta idea o sencillamente mienten
continuamente. En mi opinión, no se puede saber con certeza qué sucedería tras
la ruptura del euro y el regreso a la peseta. Depende de muchos factores que,
puedes estar seguro, hay bastante gente analizando en estos momentos. El
corralito me parece imprescindible como medida transitoria para evitar una
quiebra total de la banca. A partir de ahí habría que ver cómo se comporta la
moneda y en qué medida podemos hacer frente a nuestros pagos, cuestión que
exigiría una negociación y que, por tanto, tampoco se puede prever. En
definitiva, es un escenario desconocido, pero prefiero eso a esta situación que
nos ahoga financieramente, que nos impide salir del hoyo y que nos roba la
democracia.
P.D. Lo de la Comunidad Valenciana
era previsible. Es cuestión de tiempo que otras comunidades hagan lo mismo. ¿Qué
más medidas se pueden adoptar para controlar el déficit? Pues no sé. Ya
veremos.
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